Las macabras paradojas de la vida

En memoria de mi Ángel Nieto

La gente sabe lo que significa hablar de las cosas de la vida. Parece que se hablara de un ser  y no de una entelequia. La vida tiene cosas que el ser humano no logra descifrar y desde antiguo, esas cosas han alumbrado la mayor cantidad de pensamiento y elucubración que los bípedos hemos sido capaces de producir.

La vida del hombre. Esa que se alarga y se alarga a través de la vejez interminable a veces, es en sí misma un misterio impredecible que sigue sorprendiéndonos sin pausa y supongo que lo seguirá haciendo. Las cosas de la vida son tantas veces inexplicables que no paramos de preguntarnos si no fuera cierto, como aseguraba la vieja cultura egipcia que esa, la vida, es otra instancia mas, independientemente que sea vivida por el ser humano, que la vida es una instancia sensorial en si misma y por ello, capaz de programarse por encima de las intenciones humanas e incluso, bastante de las divinas.

Se me discutirá que de lo que trata la cultura egipcia trascendente es de la vida después de la muerte, pero seguiremos hablando de vida. Y la vida guarda sorpresas que nos son reveladas desde el libro de los muertos hasta la canción Pedro Navaja de Rubén Blades. La vida sorprende y sorprende sin parar. Y guarda paradojas macabras como quien colecciona instante irrepetibles en cada esquina de la existencia, de forma que un tipo que fue 12+1 veces campeón del mundo, 4 veces subcampeón del mundo, que obtuvo 90 victorias en grandes premios, que subió 157 veces al podio, que fue 23 veces campeón de España, 5 veces subcampeón y sumó 90 victorias en el campeonato de España de motociclismo, ese tipo al que acompañé infinidad de veces a correr y que me dio tantas lecciones de pundonor. Ese tipo, ha muerto parado en su moto de cuatro ruedas en un stop, la menos moto imaginable. Es una macabra consecuencia de la existencia que no hace sino repetirse incansablemente.

En el verano de 1977 coincidimos a la hora de comer en un restaurante de moda entonces. Vino a mi mesa y me dijo: ¿A que no tienes cojones de venirte a Finlandia esta tarde conmigo? Me levanté, pedí la cuenta, metí a mi acompañante en un taxi y camino del Aeropuerto pasamos por mi casa a coger el pasaporte. El viaje duró bastante: Madrid-Zurich-Munich- Estocolmo- Helsinki y ya de madrugada, coche hasta Imatra donde debería celebrarse el último Gran Premio de la temporada en la que Ángel ya era campeón del Mundo con Bultaco. Se suponía que íbamos de cachondeo y que iba a correr por vergüenza torera.

Fue un viaje en el que nos sucedió una anécdota bastante vergonzante que a él le encantaba contar en público por mucho que yo le rogara una y otra vez que no lo hiciera. El siempre decía: ¡Pero tío es que yo creía que tenía sangre fría hasta que tu hiciste aquello!

No voy a contar lo que pasó. Ya  nunca se contará porque solo él lo contaba. Pero llegamos Imatra, estuvimos de cachondeo desde el jueves hasta el domingo y entonces ese tipo salió, se puso delante y ganó la carrera. Esa que no necesitaba ganar para ser campeón.

Me he quedado sin mi Ángel Nieto, porque estoy seguro que cada uno de sus amigos teníamos íntegramente a uno diferente. Único y exclusivo. El mío era la personificación del carisma, la sagacidad, la inteligencia, el arrojo, la sencillez, el casticismo y el ingenio mayor que he conocido. ¿Qué me queda? ¡A la mierda los recuerdos!

Eructan los idus del infierno y se niegan a firmar los certificados de la memoria que se declara insolvente. Agosto