El español: negar la mayor

La gente sabe que somos lo que somos porque identificamos signos con sentido y estos con sus referentes. Lo que llamamos los sociólogos el interaccionismo simbólico. Mientras dependimos de la presencia del estimulo para identificarle con un signo, no salimos del lenguaje animal inarticulado. Parece que todo el mundo está de acuerdo en que los cambios culturales nos llevaron a la cúspide de la creación, por encima de otras especies mejor dotadas físicamente y ante supuestas presas que multiplicaban nuestra fuerza por diez mil. Fue la razón y no otra cosa la que nos hizo como somos y a la que le debemos la existencia. Construimos un sistema de identificar las cosas con un signo fácil de guardar y repetir, con lo que no solo aseguramos la salvaguarda de la experiencia y el conocimiento, si no fundamentalmente su comunicación, con lo que nos independizamos del instante histórico para poder repetir sin descanso lo que sucedió.

La lengua, como sublimación del interaccionismo simbólico nos hizo libres y facilitó nuestra vida futura a través de lo que hoy llamamos educación, hasta hoy, cuando la experiencia personal ocupa un espacio mínimo en el volumen de conocimientos del ser global actual. Casi todo lo que conocemos con certeza no lo hemos vivido en primera persona y aún así se han convertido en axiomas irrefutables de la vida humana.

Las lenguas se expanden con los hombres y tras el latín, la última lingua franca o lengua universal, se expandió la lengua romance denominada castellana que pronto fue expandida por millones de personas que no habían estado en su vida en Castilla, por lo que rápido pasó a ser conocida como español o lengua española. Esa lengua que hoy hablan en el mundo cientos y cientos de millones de personas repartidos por todo el orbe, cada vez con mayor influencia y poder seguirá siendo castellano para nosotros pero es español para el mundo. Pues bien, quizá esa denominación es lo que sigue estando en su contra en su propia casa. Nadie dice en este país que habla español, dice que habla castellano. Es verdad que otras maravillosas lenguas, como el galego, el catalán/valenciano/balear o el propio euskara, serían entonces lenguas españolas y eso es anatema. Aunque sean lenguas que se hablan en origen en ese espacio social y político que llamamos España. Y reconozcamos que los 39 años de franquismo obtuvieron un éxito atronador: Robarle al nombre su propia cosa.

El caso es que a día de hoy nuestra lengua es universalmente conocida como español y entiendo que cada uno de nosotros, fuera de nuestras fronteras no decimos que hablamos castellano sino español. Tenemos la suerte de hablar una de las dos linguas francas del mundo junto con el inglés y quien se niegue a ello no es sino un idiota cerril aunque como dice El Roto: “El sueño de la nación crea monstruos identitarios”.

En el año 1982 estrenamos la Ópera Evita en Barcelona donde tuvimos un éxito tan arrollador que prácticamente pasamos un año en la maravillosa ciudad. Gloria, mi compañera, fue a darnos de alta en la compañía de suministro eléctrico y el funcionario que la recibió ya le advirtió que solo hablaba catalán. Mi chica que es un encanto le dijo que no importaba, que si hablaba despacio, seguro que se entenderían. Y así fue, seguramente aunque el tipo no terminó hablando castellano. Pues bien, durante mucho tiempo guardé esta anécdota absurda secretamente, pero desgraciadamente se ha vuelto a poner de moda: Negar la mayor. ¡Que se joda el sargento, que no ceno!

Desde aquel 1982 en el que acudí a una academia, hablo catalán bastante bien aunque me gustaría mejorar y en cuanto puedo lo hablo. Tengo amigos con los que nunca he cruzado una palabra en castellano pero no porque ellos se nieguen a hablarlo sino porque yo les exijo que cuando hablen conmigo lo hagan en catalán para poder yo practicar. Pero El Roto tiene razón. ¡Y me da una pena!

¡¡¡¡Gora San Fermín. Viva San Fermín!!!!!

Al parlar, com al guisar, un granet de sal. Julio