Políticas de salón

La gente sabe que los fundamentos de la convivencia se sustentan en el acuerdo y que este debe y puede buscarse en el lugar que sea, siempre que de el resultado buscado, o al menos el mas aproximado. La denominada entente cordial es la mas rara de las ententes como pasa con el famoso sentido común pero para eso el representante público se prepara, para el debate.

Los ciudadanos en los distintos procesos democráticos, elegimos a aquellos que deben representarnos en esas cuitas, a veces de manera mas indirecta o con mas opciones, incluso mas personificadas, pero en realidad, al fin y al cabo se cumple la prescripción y el proceso termina con el nombramiento de nuestros representantes.

Las vías que desembocan en la situación descrita transitan por la figura de los partidos políticos. Y como son estos los que terminan proponiendo los candidatos, finalmente esa acreditación partidista termina siendo mucho mas relevante que la primaria. De esa manera, nuestros representantes representan primero a su partido que es quien termina eligiéndoles en primera instancia o nombrándoles directamente. Esta claro que el sistema no se cierra en los partidos políticos y que en teoría y de vez en cuando sucede, cualquiera puede presentarse cumpliendo las condiciones previamente establecidas. Ahora bien, todos somos conscientes que salvo en determinadas y excepcionales circunstancias la presencia outsider se cuenta con los dedos de una mano. En definitiva, solo los partidos políticos poseen la infraestructura precisa para que los aspirantes a ejercer un cargo público electivo se vayan formando. Quizá salvo en Francia donde la École Nationale d’Administration ejerce esa función formativa desde que se fundara en 1945 con la intención, precisamente, de democratizar el acceso a la alta función pública del Estado.

En España la formación política es mas a la usanza de los viejos gremios, una cuestión de fidelización con los superiores que otra cosa, ya desde las juventudes de cada partido, cantera de la que deben salir los futuros padres de la Patria. O sea: Una chapuza. Los políticos formados así solo se deben a sus mentores que son quienes les deben proponer para que los demás los elijamos. Nosotros solo apretamos el boli en la casilla correspondiente para elegir entre Guatemala y Guatepeor. Y las circunstancias nos dan la razón empecinadamente.

La visión de los salones privados de los partidos en los que se reúnen los líderes para soslayar los espacios públicos de debate, a los que llegan con la compra hecha, es cada vez mas frecuente y, me parece, mas alarmante. Todo se amaña en privado para que finalmente cada cual acate la orden de su grupo parlamentario y vote según le indiquen. No es que no crea en el poder del consenso, sino que no creo en los salones. No creo en nada que se esté muñiendo donde no haya luz y taquígrafos. No me he pasado estos años desde la aprobación de la Constitución en balde y la experiencia de componendas nefandas tiene una abultada biografía en mis cuadernos de notas.

Demasiados políticos, demasiadas veces, han dicho que harían lo que nunca hicieron y demasiadas veces se convencieron en privado de que convenía hacer lo contrario de lo prometido. Si todas esas cuestiones se plantearan en los lugares públicos, podríamos estar o no de acuerdo antes que estuvieran decididas.

La foto de la reuniones entre Sánchez e Iglesias y Rajoy con Rivera ejemplarizan la sensación. Nada está en 350 instancias sino en 2+2 y los demás a obedecer. Pero no era esto lo que queríamos. No era esto.

El mes se desgrana en sueños llenos de arena y cubitos y palas de colores. Junio