¡Menos mal que nos queda Portugal!

La gente sabe que las relaciones más complicadas suelen ser las más próximas. Desde luego las familiares. Ya se sabe aquello que se decía de una familia que se llevaba muy bien y alguien con puñetera intención preguntaba: ¿Ya han repartido? Efectivamente como siempre pasa, el acerbo popular acierta cansinamente. En esa mezcla de sentimiento y criterios económicos estriba buena parte del secreto de la convivencia. Con las personas con las que nos une un sentimiento profundo y firme, nos cuesta hablar de cuestiones materiales, parece como si fueran dos estados de ánimo antagónicos y que hiciera falta una situación concreta que facilitara el tema. En el matrimonio las cuestiones materiales correspondientes a los cónyuges individualmente, son las más espinosas.

Parecida situación se da entre vecinos. Aunque a veces se da la circunstancia más factible: Que los vecinos se ignoren. De espaldas uno a otro. Y eso es lo que sucede entre España y Portugal. Dos países vecinos ignorándose entre sí educadamente durante siglos. Yo diría que España mas de espaldas que Portugal. Normalmente es el vecino menos poderoso quien tiene más complejos hacia el otro, pero en este caso es lo contrario. Portugal no tiene apenas prejuicios contra lo español y muchísimos portugueses, por ejemplo, hablan castellano, con mejor o peor fortuna pero con emocionante generosidad mientras que para encontrar un español que domine la lengua portuguesa, habría que meterse en el pajar hasta la cintura.

España y Portugal son dos países muy, muy distintos, aunque les separe una línea imperceptible que pasa inadvertida en la carretera, hasta que ves que han cambiado los letreros de los mismos establecimientos, ahora en portugués. Es imperceptible a simple vista y en las ciudades y pueblos de los siguientes 50 o 70 Km se contesta en español con naturalidad, se ve la Tv española, se repuesta el coche en la gasolinera Repsol o se ingresa dinero en el Banco de Santander. Y todo ello puede equivocar gravemente a quien crea que pocas cosas han cambiado.

Portugal es un país educado, por considerado, donde las personas se relacionan con unas formas que desaparecieron de España. En Portugal, la cultura propia es respetada y valorada y la cultura foránea es apreciada de igual forma. Al vivir siglos de espaldas a España y frente al mar, su relación histórica con el Reino Unido y la obligatoriedad en las escuelas hace que un grandísimo porcentaje de portugueses hablen correctamente inglés. En Portugal, nunca se ha doblado una película, por respeto a la interpretación de los actores. En España nadie sería capaz de reconocer la voz de cualquier actor internacional. Ni los más famosos.

El aldabonazo protagonizado por el representante de Portugal en Eurovisión, además de alégranos de ello casi todos los músicos, porque algunos querrán seguir componiendo los bodrios con los que nos ha masacrado ese Festival de canciones desde hace decenas de años, pone, de nuevo, la mirada en Portugal. Pero aquí se ve normal. El intérprete y su hermana, compositora y cantante de jazz con varios discos grabados, son conocidos y están contratados por una multinacional discográfica. Me temo que en España estarían cantando en el metro o en la plaza de Ópera.

Todo parece cuestión de sensibilidad. Portugal rebosa de ella y España es cada vez más una caricatura de lo que pudo ser, donde la música, la literatura, la danza, las artes en general se representan desde su lado más chusco, fácil y chabacano. Comparen de nuevo un intérprete y otro en el festival famoso. De nuevo Portugal ha puesto desde su pequeño lugar en Europa las cosas en su sitio. De nuevo aquí en Lisboa, se cuelgan los carteles de “Lotaçao esgotada” en espectáculos imposibles en España.

El Estado español, hace mucho comprometido con una actitud casi anticultural no promueve, por eso, un mayor acercamiento entre los dos pueblos, porque nosotros los españoles tendríamos que sentarnos en los pupitres y los portugueses de pie en la pizarra. Lo dicho: ¡Menos mal que nos queda Portugal!

Los caninos del hombre nunca se caen se reimplantan. Abril