El impulso solidario y sus misterios

La gente sabe aunque haya ido poco a la escuela que quizá la mayor cualidad que ha traído al hombre desde el erectus o el davisoniano hasta este tecnológicus, ha sido su capacidad social. Esa iniciativa que supera el individuo para situar por delante al grupo. De hecho de todos los animales que nos van quedando y sobre todo en los predadores, esta capacidad ha sido fundamental para su éxito biológico.

El hombre ha cambiado mucho en muy poco tiempo y cada vez el cambio es más profundo y rápido. En términos evolutivos las edades del hombre son un suspiro en la edad del medio natural que ha visto y seguramente verá muchas criaturas antes y después del hombre preponderante. En realidad, el cambio humano sin embargo, está acorde con nuestro tránsito real. Poca vida. Por tanto como dicen los paleoantropólogos él tecnológicus de hoy tampoco está tan lejos de aquellos.

Sin embargo aunque seguro que los científicos tienen razón en términos fisiológicos, lo que verdaderamente cambia continuamente en el hombre es su desarrollo intelectual. La capacidad de conocer, almacenar, relacionar y sobre todo, comunicar ese conocimiento es lo que desde luego le distingue incluso de épocas históricas relativamente recientes. Los psiconeurólogos demuestran que el conocimiento de un hombre culto de hace solo doscientos años, todo su conocimiento, lo tiene hoy un niño de ocho años. Aunque, como decíamos, es su capacidad social su gran arma de supervivencia. Hasta aquí.

La superación de su condición de homo económicus le ha traído lógicamente nuevas aptitudes y actitudes. La búsqueda del beneficio personal, la competitividad, el afán de superación, la búsqueda de situaciones económicas seguras, la lucha por el puesto de trabajo, etc. le han ido convirtiendo en un animal egoísta. Ya sé que en algunos lugares del campo y desde luego en otros continentes menos desarrollados aún no es así del todo, pero en realidad en este primer mundo hace mucho que es así. La globalización, la democratización del acceso a los últimos desarrollos tecnológicos y sobre todo la conexión individual al cosmos desde su ordenador personal, han acentuado ese egoísmo convirtiéndolo en una patología psiquiátrica definida. El hombre es el ser más egoísta de la Tierra y quizá por eso, el desarrollo, crecimiento y extensión de iniciativas solidarias ha dado en un universo de Organizaciones No Gubernamentales acompañadas por un sinfín de iniciativas nacionales, autonómicas y locales que se nutren de ese impulso solidario que parece haber surgido en el más profundo egoísta que la historia haya visto.

¿De dónde le surge al egoistón humano ese impulso solidario? ¿De dónde esa enorme preocupación por actividades y sectores que secularmente ha despreciado y casi destruido? El Medio Ambiente, los animales, los enfermos, los restos del pasado, e incluso la preocupación y la ocupación sobre la mejora sanitaria, educativa y hasta social por poblaciones que ha explotado, utilizado en los peores actos humanos de esclavitud y trabajo insultante y en muchos casos masacrado hasta la práctica extinción forman parte de la vida cotidiana del hombre de hoy.¿Qué ha pasado? ¿Se ha arrepentido y se siente culpable? ¿Se cree en la obligación de reparar sus excesos para con todo eso? ¿Se vuelto bueno por fin? Más bien creo que al estilo de los maltratadores de género, primero agrede y luego cuenta el cuento que es por amor que la pega, la insulta o la mata. El hombre de hoy es heredero de todos los asesinos anteriores a él. No se fíen.

Los caninos del hombre nunca se caen se reimplantan. Abril