Fe y Razón

La gente sabe que no son estos, tiempos para andarse con zarandajas. Las cosas están que pelan y parece que a todos se nos ha quedado pequeño el cuello de la camisa y mas corta la corbata. Ninguno de los dos son capaces de cubrirnos y protegernos. Andamos cada día al albur de lo que pueda suceder de susto en susto y aquellos tiempos en los que éramos capaces de abarcar el conjunto de cosas que significaban nuestra vida, hace muchísimo que los hemos perdido. Eso, en realidad, quiere decir que somos seres mas complejos y completos. Al menos, a priori. Que nuestra vida se ha ido llenando de cosas que antes desconocíamos y que en caso de conocerlas, las intuíamos mas bien en la vida de otros, de los poderosos, aquellos cuyas vidas estaban llenas de armarios a rebosar de ropa, varios vehículos en el garaje, hijos en colegios decentes y mas tarde en la Universidad y un montón de compromisos en papel, firmados: Hipotecas, seguros, alquileres, matrículas, arbitrios, etc. Hoy la vida del hombre corriente se parece bastante a esto, con alguna diferencia, en muchos casos los que van a la Universidad son los primeros en la familia que lo hacen y los vehículos tienen mas de diez años y el bolsillo para gastos corrientes está lleno de espinas. Y tantas cosas que al igual que entonces, separan al hombre del hombre rico y/o poderoso, que es lo mismo. Sin embargo, hay asuntos que parecen no envejecer con los tiempos históricos de forma que siempre, de una u otra manera, están de moda, no se pasan.

El debate entre Fe y Razón empezó hace milenios, cuando la vida del hombre era tan absolutamente mísera, corta y azarosa que cualquier previsión de otra mejor, aunque fuera librándose de aquella materialidad tan frugal era mejor que cualquier cosa. Aunque si tuviéramos que establecer un orden histórico para poner a alguna por delante de la otra, parece claro que el hombre, primero creyó y luego razonó. Pronto, con el conocimiento acumulado, pudieron los hombres ilustrados comenzar a discernir entre sus pliegues y comenzar a reflexionar sobre las cosas. Quizá salvo en lo que concierne a la Fe Gnóstica, por lo que nos ha llegado del poeta Valentín y otros, en ningún caso se vieron fe y razón compartiendo mesa. Solo los gnósticos propugnaban el conocimiento de Dios a través del conocimiento, y duraron muy poco mas allá del Siglo III D.C.

Pues bien, parece que el debate no esta agotado, de forma que se mantiene hoy en día en estas sociedades civiles occidentales y desarrolladas, donde otras religiones mas prosaicas, como el fútbol, amenazan con desbancar al menos a las tres monoteístas.

Se nos pide fe en la política y en los políticos y en un acto de fe ejercemos el derecho al voto creyendo aquello que nos cuentan en sus programas, cada vez menos escritos. Se nos pide fe en la Iglesia y los escándalos salen a la luz. Aquellos que siempre hemos sospechado que existían. Se nos pide fe en el mercado y en cuanto nos demos cuenta, se forma un corralito donde quedamos atrapados en cláusulas suelo, opciones, etc.

Creemos en que cada vez que abramos el grifo de la cocina saldrá agua y visto lo visto en Madrid, yo no estaría tan seguro.

Sin embargo, la razón no parece prosperar. Será que le cuesta algo mas en sus procedimientos, pero no asoma la nariz. Los políticos de Convergencia y Unió confiesan en procesión sus robos los ciudadanos, mientras estos declaran en las encuestas estar dispuestos a votarles para que les conduzcan hacia la independencia, un asunto del Cura Merino, que creíamos periclitado. El vicepresidente de Madrid da con sus huesos en prisión y la lógica consecuente se queda sin enunciar, todo esto, claro, sin caer en la cuenta que la cuna del hombre la mecen con cuentos que el aprende y a su vez usa para mecer la cuna de los otros.

Abraham Abulafía ya alertaba sobre los santos y sus vanidades. Abril