Él y sólo él

La gente sabe que todo se ve desde cada uno y según lo ve cada uno, así lo justifica, o lo intenta al menos. El ser humano empezó muy pronto a ver que aquello de sobrevivir estaba relacionado con poner el burro delante, así es que quitó de su vista todo lo que hubiera, de forma que ante sus ojos solo estuviera el mundo ante él. Él y sólo él.

Todo lo que sucede, le sucede a él, porque nada que no sea él tiene relevancia por sí mismo, sino que todo se valora en una comparativa con él, y todo le afecta, lo que le afecta y lo que no, o lo parece. No existe nada que ese independizado de esa comparación con el ser humano. Todo lo que es bueno, lo es porque a él le viene bien y lo malo, es porque a él le viene mal. Así bosques, montañas, océanos, ciudades, y charcos, solo podrán medrar en relación a su voluntad interesada. El hombre no piensa en lo demás, y muy poco y muy pocos, en los demás. Así, su estrategia general que luego deriva en acciones puntuales no es sino descubrir cuanto de humano tiene el objeto de su interés, entendiendo por ello, la relación con su voluntad. Por eso desde muy pronto desechó la idea de la adaptación. Debió de saber que aquella práctica les había llevado milenios y milenios a los animales que le circundaban para terminar siendo sus víctimas y él tenía prisa, apenas vivía unas decenas de años y no tenía tiempo para zarandajas de adaptación. Se puso el medio natural por montera y la primera arma que se le ocurrió fue, naturalmente una copia de la acción natural: El fuego: Se propuso dominarlo para producirlo y lo consiguió. De esa manera se equiparaba a las fuerzas naturales pudiendo desplegar la destrucción a su antojo. Para qué desarrollar estómagos y fluidos como los de los depredadores. Mejor encender un fueguecito y asar los filetes conseguidos.
Lo que pasó es que le cogió afición a domeñar la naturaleza y se propuso intentar gobernar sus fuerzas aún desatadas. Así, desarrolló la navegación para salvar el obstáculo del mar y pasearse en el de Oriente a Occidente, y comerciar con aquello que le venía bien. No siempre con lo que más falta hacía. De ahí le llega el tema del intercambio de espejitos y cuentas de colores. Pasó a defenderse de la lluvia y la nieve con vivienda estable y rápido comenzó a asociarse para obtener mejores resultados, lo que no le consiguió socializar como para desarrollar la solidaridad. Siguió siendo una herramienta personal para el logro de sí mismo.

Como primer destructor inventó la agricultura y la ganadería, de forma que comenzó a transformar el hábitat de manera radical y con ello todo lo que contenía y pudiera contener. Acabó con los bosques de continentes enteros, taló todos los árboles que se lo dificultaban y cambió la faz de la Tierra para siempre, cambió el clima con otro de sus obsesivos objetivos: El tiempo.

Y así, poco a poco, se ha rodeado de un mundo a su medida y antojo y se empeña en que funcione como a él le parece que debe funcionar. Contraviene las leyes de la Naturaleza subvirtiendo las dinámicas naturales que han gobernado la relación entre medio y población, animal y humana. Los espacios naturales mantienen sus poblaciones de manera artificiosa con aporte de comida, veterinaria, acciones biológicas y técnicas reproductivas y anticonceptivas, o sea: Humanas.

Sólo él está empeñado en mantener una dinámica natural a su antojo, de forma que se prima la supervivencia de especies y se desprecia la desaparición de otras, solo por cuestiones de humanidad, porque el hombre quiere.
Lo que pasa, es que el cálculo del hombre se ha reducido a unos cuantos miles de años y si me apuran a unos cuantos cientos. Nada. Un minúsculo espacio de tiempo en la vida natural que en cualquier momento le puede dar la espalda y volverse contra él. Sólo él.

La voluntad humana es más voluntad que humana. Marzo