Paralelismos

La gente sabe que la vida se repite y que tantas y tantas veces, nos parece que ya hemos vivido aquello que nos pasa en ese momento. Tenemos la sensación de haber estado antes en ese lugar y protagonizado los mismos hechos. Somos capaces de predecir lo que viene a continuación con bastante exactitud. De hecho, parece que esta realidad es la que sostiene esa frase del acervo popular que dice que Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo, que tomada al pie de la letra pone por delante de cualquier conocimiento, incluso de cualquier don, la experiencia. El ejercicio de la vida con los ojos y los oídos abiertos, lo que nos permite irnos guardando aquello que vemos, creando en nuestro recorrido el gran libro de nuestra vida.

Parece que el hombre está obligado a repetirse sin descanso. Una ojeada a la superficie de la historia, si fuéramos capaces de relacionar las etapas y los protagonistas nos revelaría muy aproximadamente como se repiten los hechos. Es verdad que, en cada época, naturalmente, se repiten en función de las circunstancias históricas contemporáneas, pero los hechos parecen confirmar que el espacio de acción humana no es tan grande como pudiera parecer y que lo que llamaríamos nuestras cosas, forman una agenda con las fechas limitadas. Es como si el hombre no hubiera conseguido ampliar su propia existencia y siguiera dependiendo de situaciones ya experimentadas que vuelven a presentarse en un bucle temporal sin salida, condenado a repetirse cada cierto tiempo.

Paralelismos. Decimos cuando nos encontramos con circunstancias que discurren en la misma dirección y que prevemos que puedan concurrir en el mismo punto, la actual y la histórica. La circunstancia concreta se asemeja a la conocida en dinámica y dirección. Situaciones que, sin embargo, nos ayudan a comprender lo que está sucediendo y aplicar las experiencias adquiridas en la paralela para predecir el destino de la actual.

Sin embargo, a veces la cosa se complica cuando ese paralelismo sucede en tiempo contemporáneo. Las dos situaciones se dan a la vez en diferentes lugares. Incluso en el mismo. Ahí tenemos que aplicar entre ambas los mínimos desajustes temporales que nos permitan extraer, a veces en tiempo real, la experiencia de los milímetros que una de ellas se haya adelantado a la otra. Siempre con la enorme dificultad que tiene el hombre para identificar lo que sucede a la vez en su tiempo y en su vida.

Es cierto que seguir el devenir de dos situaciones paralelas es muy didáctico y a la postre muy elocuente. Seguir ambas como se sigue una carrera que combina el hecho de correr y el hecho de hacerlo junto a otra que además puede no ser competidora hace del juego algo más que un ejercicio de intelectualizar la vida.

¿Saben qué? Siempre que las cosa parecen suceder por sí mismas, aquello que llamamos casualidad, me huele a sospecha. Hay que pensar mal para acertar dice el dicho y con ello solo apunta a la experiencia que proporciona la repetición de que las cosas casi nunca son lo que parecen ni parecen lo que son. Los paralelismos, proporcionan una sospecha extraordinaria. Puede que el hecho que las cosas se repitan no tenga tanto que ver con el ámbito limitado del quehacer humano como con la posibilidad que el hombre deje demasiadas cosas sin solucionar.  Por eso vuelven y vuelven y vuelven.

Todo alardea de sí mismo entre sus iguales. El mismo juego. Marzo