Papá cuéntame otra vez y 2

La gente sabe que una de las faenas que uno debe hacer al poco de ser padre es planificar la educación de su hijo. Afortunadamente hoy en día se puede hacer, al menos hay facilidades. Cuando yo era niño me tocó ir al único colegio del Estado que mis padres tenían posibilidad de enviarme, y en ese colegio daba clase una persona que en su momento delató a mi padre y a algunos otros por actividades subversivas. El sabía, naturalmente quién era yo aunque nunca le di oportunidad de suspenderme. En, está claro que en función de donde se viva, qué trabajo se ocupe, con qué medios se cuente, etc. La elección del colegio de un hijo, esa escuela en la que aprenderá a leer y escribir es un asunto de capital importancia. Recuerdo cuando me tocó hacerlo a mí a mediados de los ochenta, a salvo ya, al menos públicamente de sesgos ideológicos en los programas de estudio, pero aún así, fue algo que me trajo de cabeza durante los tres primeros años de mi hijo mayor, hasta que me decidí.

Ya sabemos que aquello que los niños aprenden en la escuela se confronta de forma instantánea con la información familiar y que al fin y al cabo, esta tiene la última palabra. Pero es cierto que esto último podemos tomarlo como verdad en el caso de tener una familia y además una familia con los conceptos claros. Ya saben aquello del proverbio árabe de que un hombre se parece más a su tiempo que a su padre. El ambiente extra familiar tiene una trascendencia vital, aunque es verdad que a partir de una determinada edad en la que se está más expuesto y dependiente de la opinión de los otros, aquellos que aglutinan la gente guay del colegio, por ejemplo. Pero es realidad que muchos niños pasan hoy en día más tiempo en el cole que en casa. Padres que trabajan y estrujan todas actividades extraescolares posibles para que los chiquillos no se queden solos. Esa realidad introduce una variación importante pues amplía el espacio de influencia social y prolonga las relaciones escolares a espacios anteriormente ocupados por otros agentes sociales de similar relevancia como el de los amigos del barrio.

Estamos habituados a ver la flor de las plantas y pocas veces observamos las raíces antes de quitarles la tierra. Los casos de conducta desviada social, dependencias, acoso, etc. Son mucho más comunes de lo que normalmente leemos o vemos en la tele. Pero el asunto no pretende llegar hasta los casos extremos en los que el colegial se convierte de verdad en un cuerpo extraño familiar, donde los componentes sociológicos, culturales y económicos son trascendentales y sintomáticos.

En mayor o menor medida la escuela española se encuentra en algunos territorios mediatizada por el interés legítimo de las autoridades autonómicas en su política social. Es evidente que no es lo mismo que un niño se eduque hoy en una escuela del norte palentino que en la costa brava por poner un ejemplo. Los intereses educativos son muy diferentes en ambos casos y está claro que entre ambos hay muchos matices en esta piel de toro. Parece que la Generalitat Catalana sin más consultas previas pretende proclamar la República de Cataluña, pero no parece realista pensar que esa expectación se haya limitado al ámbito político. La educación no se ha quedado al margen. Puede que por eso, dentro de unos años los que se encuentren en la misma situación que Daniel Serrano e Ismael Serrano no se propongan preguntar a su Papá por el cuento tan bonito de la Independencia. El tema es a quién tendrán que preguntar.

¿La cuna del hombre la continúan meciendo con cuentos verdad poeta? Marzo