Papá cuéntame otra vez (I)

La gente sabe que un servidor es aficionado a las hojas del rábano, probablemente porque la mayor parte de la veces, lo que de verdad se busca no está visible, al menos a primera vista y es necesario componer un cebo verbal que termine llevándonos adonde importa. El título de estas líneas corresponde a la conocida canción escrita por Daniel Serrano, compuesta y cantada por su hermano Ismael Serrano, refiriéndose al padre de ambos, Rodolfo Serrano, enorme poeta y amigo de un servidor. Pues bien, esa canción nos muestra el camino de cómo puede y suele transmitirse la historia y cómo y suele interpretarse esa transmisión. El verso que sigue al título dice: “ese cuento tan bonito de gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo”. Efectivamente, la mayor parte de las veces, la historia se repite en familia y generalmente seducida por los recuerdos más íntimos del protagonista que, como es lógico, la transmite desde su punto de vista. Para Daniel e Ismael, aquella narración de los sesenta por su padre, les sonaba a un cuento bonito, donde los buenos terminaban resistiendo y a la postre venciendo al poder y la dictadura, es decir: Un bonito cuento. Porque ese relato del poeta Rodolfo Serrano no incluye el dolor de las torturas, el miedo en las cargas policiales, la escasez y la bisoñez revolucionaria, la inocencia apostada y perdida, ni probablemente las condiciones físicas en las que se hicieron: Hambre, frío, blenorrea, ladillas, etc. etc.

Es evidente que igual que se blanquea la historia, se colorea. Los acontecimientos pasados pueden aligerarse y perder importancia o al contrario, pueden ser coloreados de forma que el pasado pueda ser reconstruido a gusto de la fuente. Es sabido que los cronistas históricos fueron pagados siempre por los vencedores, lo que nos ha hurtado una y otra vez de conocer la historia de los vencidos. Se dice de manera simplona que hay que conocer el pasado para construir el futuro y no volver a equivocarse, pero esa operación se revela muy compleja porque el pasado es interpretable hasta el infinito y por tanto todo es susceptible de tergiversarse. Además, queda la interpretación de quien recibe la información. Como queda demostrado en la canción de los Serrano, lo que oímos puede sonarnos a cosas muy diferentes escuchado de la misma manera. Cada uno somos cada cual y las circunstancias en las que se recibe el relato, no son las mismas. Yo escuché aspectos de la vida de mi padre en la Guerra española (obvio lo de civil porque me parece falso) y su posterior periplo por las cárceles del Régimen, así como los años de supuesta libertad en los que le volvían a guardar cada dos por tres y aseguro que el relato nunca me pareció un “cuento tan bonito”. Recuerdo noches insomnes angustiado, rememorando las trincheras y las celdas.

Hay demasiados ingredientes interpretables en la tradición oral como para poder establecer un patrón de relato. Cada cual ve la feria según le ha ido y así la cuenta. La cuestión es que cuando esa transmisión de los acontecimientos, como en estos casos aludidos, se realiza en el marco de la familia o los íntimos, siempre es más sencillo visualizar los elementos correctores. Ya sabemos que el abuelo exagera o que el tío se queda corto. Así puede que seamos capaces de poseer un relato más o menos ajustado. El problema viene cuando el transmisor es institucional, es decir, cuando los acontecimientos los leemos en un libro o los vemos en un vídeo. La cosa cambia. Tendemos a creer lo que vemos, más aún, si la ecuación tiene lugar en los años de infancia. Siendo niños es complicado que nos convenzan de que lo que nos han dicho en el colegio, o hemos visto en un libro, no se ajusta a nuestra realidad. Ahí nos quedamos en desventaja. La familia queda en inferioridad veraz ante la información y los que reciben la información dotan de una veracidad estimable a lo leído o visto. Nos cuesta creer que nos engañan desde el papel o la simple voz del maestro en la escuela. Ese, es el problema.

Continuará...

¿La cuna del hombre la mecen con cuentos verdad poeta? Febrero