La Era Pop y II

La gente sabe lo que cuesta construir el día a día porque lo sufre. Y también sabe, que a la par de la supervivencia, necesita ir apostando por el futuro de manera que la cotidianidad no le deje solo la visión del corto plazo. Sabe que necesita horizonte y se prepara para ello. Vivir cuesta una enormidad y fuera del ámbito de la sociedad global, rica y educada, esa factura se suele llevar el total de la energía del ser humano y muchísimas veces, ni con eso alcanza.

Nos dimos cuenta muy pronto que aquella vida con la ancianidad a los cuarenta años, la boca desdentada a los dieciséis y la esperanza de vida infantil por los suelos, empeñarnos en aguantar los embates de la vida, tenía poco premio: Una existencia precaria, corta y zarandeada por un medio hostil y poderoso. El hombre entonces, empezó a pensar que aquello debería tener una solución, una vida detrás de la otra. Una recompensa por tanta y tanta dificultad y empezó a buscar la manera de trascender. Quienes tuvieron fe, lo tuvieron claro y las religiones, sobre todo las monoteístas fueron su refugio. Algunos en cambio, creyeron en otra manera de trascender: Quedarse en la vida de los otros, más jóvenes. Iguales a ellos que permanecían con vida tras su muerte. Entonces el hombre pensó y aprendió a pensar para aprender, acumular conocimiento, organizarlo, depurarlo y transmitirlo. Así podemos decir que Aristóteles sigue con vida entre nosotros, o Cervantes, o Picasso, o Mozart.

La aventura del hombre en la persecución del conocimiento es apasionante, la historia del saber es la historia del hombre rebelado frente a la vida, arrancándole sus secretos para contárselo a los otros de forma que partieran de una casilla más adelantada de la que ellos habrían partido. Es verdad que la fe y el creacionismo jugaron en contra de esa fiebre del hombre por ser mejor y convirtieron los valores mensurables por los sentimentales, cambiaron curioso por bondadoso. Pero aun así, el hombre siguió persiguiendo al saber en busca de una Arcadia intuida. En ese camino, parte importante de la población mundial, alcanzó antes que las demás esa Arcadia, que no del saber, sino de la opulencia y empezó a tomarle el gusto a la vida, esa vida agradable, llena de ofertas de ocio y facilidad, ausencia de riesgo y de esfuerzo. En ese devenir, la sociedad se fue haciendo más y más masticable, pre digerida. La facilidad se fue convirtiendo en el objetivo primordial para no llenar esa idílica existencia materialista de compromisos culturales o intelectuales y artísticos que complicaran el tiempo del sofá. El compromiso de los contenidos se concentró en proporcionar felicidad y facilidad: La era Pop.

Pop, como acrónimo de popular para más inri. Aquello que puede llegar a todo el mundo, hacerse popular es que todos lo entiendan. Tanto, que los acrónimos se suceden de forma que no es necesario ni siquiera escribir la palabra entera, con tres letras sirve para que todo el mundo sepa de qué estamos hablando. ¿Y de que estamos hablando?

Hablamos de que el hombre de hoy se ve independizado de la dificultad, del esfuerzo, del riesgo que entraña la búsqueda del conocimiento y reserva sus esfuerzos para aquello que le proporciona la materialidad suficiente y el ocio imprescindible. Así, las matemáticas, la filosofía, la música, la literatura, están pidiendo socorro arrumbadas en un anaquel olvidad de la sociedad de hoy. Quedan flotando por ahí sus caricaturas. Sus formas Pop.

Las migas de pan del camino no generan grano, se santiguan por costumbre. Febrero