La gran matanza

Las sociedades civilizadas van desarrollando conductas correspondientes con los cambios que se van produciendo en su devenir histórico, ya lo hemos dicho. Por eso, se empeña en parecer lo que no es. Toda las sociedades en la historia tienen en su concepción un cierto carácter farisaico. Las premisas sociales se desarrollan con la idea que el hombre social será mejor cada vez que la sociedad se vaya liberando del orden primitivo que aleja al ser humano de la conducta social contemporánea. Hay quien pueda escandalizarse de hablar de contemporaneidad y no de modernidad a secas, pero aunque escandalice, las sociedades históricas antiguas como la romana, por ejemplo, también guardaban en su palmito un cierto comportamiento farisaico, porque aunque acudían en masa al circo para ver el sacrificio de miles de animales y cientos de personas, el contexto en el que lo hacían justificaba su conducta desde el punto de vista social. Era una sociedad sensible con el esclavismo, por ejemplo, donde las distancias entre amo y esclavo se acortaban a veces hasta el matrimonio y donde los mecanismos para la compra de su esclavismo y el derecho a la ciudadanía, no solo estaban claras sino que frecuentemente se usaban.

Con todo y eso, el hombre se ha pasado la vida matando. Y digo el hombre, no el cazador. Hoy provocaremos en breve la extinción de 16.000 especies animales y 60.000 vegetales. Si seguimos así pasaremos de una tasa de extinción de 1.000 a 10.000 veces superior solo contando la deforestación y la disminución de los hábitats, sin contar con el cambio climático. Pero eso son minucias, poco importa. Hace tiempo que nos hemos procurado la provisión masiva de cadáveres comestibles con carácter industrial. Es decir: En cadena. Sin que en la cocina de casa haya que matar y desangrar el pollo, pelar y eviscerar el conejo o quitarle las plumas a la perdiz. Nuestra dieta contemporánea (de nuevo) ha cambiado radicalmente, de forma que nuestra ingesta de carne ha aumentado exponencialmente, mientras la de cereales, legumbres, hortalizas y etc. Ha disminuido.

En los últimos cinco siglos se han perdido 322 especies y hoy, el 60% de los grandes mamíferos está en peligro. Exagerando, puede que el hombre de manera más o menos consciente camine hacia la extinción completa de todos los animales que no sean él. El famoso Gran Silencio de Ted Chiang puede, al igual que otros muchos relatos similares, llegar a ser realidad. Anthony Barnosky, palebiólogo estadounidense, preconiza que los tataranietos de los humanos actuales pueden encontrarse en un mundo “en el que las tres cuartas partes de las especies que existen en la actualidad habrán desaparecido para siempre” O sea: El sueño suicida del hombre: Matar a todos hasta quedarse solo.

Andamos pasando la Navidad, Papa Noel, el fin de año, los Reyes Magos y quien sabe más. Y en esta circunstancia donde las familias se exceden de manera cultural en cada comida o cena, me hace recordar que esa manera de alimentarnos lleva cada año a la muerte a 60.000 millones de animales criados en condiciones inaceptables de cautividad y sufrimiento. Ya que la población del mundo va en aumento, esta cifra no hará más que crecer en los próximos años. Según fuentes de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), cada segundo mueren en el mundo aproximadamente 2.000 animales, 345 millones al día, a lo que hay que añadir unos 140 millones de toneladas de peces. Esto supone que extraemos del mar una cantidad muy superior de animales de los que producimos sumando aves y mamíferos.

Según datos de la FAO correspondientes al año 2007 (no los he conseguido más cercanos) las cifras de animales muertos anualmente para consumo serían las siguientes:

50.000 millones de pollos
2.715 millones de patos
1.388 millones de cerdos
1.169 millones de conejos
648 millones de gallinas
635 millones de pavos
564 millones de ovejas
402 millones de cabras
301 millones de bóvidos
57 millones de otras aves.
23 millones de búfalos
10 millones de perros
5 millones de caballos
1,5 millones de camellos

¿A quien llaman asesinos?

La sangre derramada tiñe la cama del hombre que aún afila sus caninos en la Ópera. Enero