La Lengua. Identidad e Internacionalismo

La gente sabe que el habla fue lo que nos hizo definitivamente humanos (hasta donde lo seamos) Los signos intercambiados dieron lugar a la cooperación y el desarrollo humano al posibilitar independizar la experiencia personal del conocimiento. El lenguaje flexible, articulado nos hizo más sabios, pero sobre todo más eficaces. Conseguimos conocer lo que no necesitábamos experimentar. Aquello de escarmentar en cabeza ajena.

La lengua nos permitió crear comunidad. Conjunto de individuos con los mismos intereses, dispuestos a colaborar para conseguir mejores logros para todos, si individualmente, nos implicábamos en el bien común. La comunidad nos dio ventaja, como se la da al resto de animales. Aunque ellos necesitan tener delante el estímulo, mientras que nosotros somos capaces de saber lo que sucedería sin tener que verlo.

La lengua, además nos permitió reconocernos. Saber quiénes eran los nuestros y quienes los otros. La lengua nos confirió la identidad social, así, supimos de quien defendernos y a quien atacar. Hablando lo mismo, hablamos los mismos, y así pudimos ir dejando constancia de nuestros conocimientos creando cultura: “Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo”. Los grupos sociales pudieron irse sucediendo aprovechando el conjunto de saberes que no hizo sino aumentar y refinarse. La lengua por tanto es el mecanismo cultural por excelencia, el imprescindible medio transmisor de la misma, así, no solo transmitimos conocimientos sino que al compartir las pautas de conducta y nos convertimos en conjunto social armónico, compartiendo las mismas pautas y creencias con aquellos que hablen la misma lengua que nosotros. Dándonos identidad.

Con el reconocimiento y valoración del otro semejante, se desarrollan los lazos inevitables entre quienes comparten la vida entera en su máxima expresión, y por ello, el desarrollo de lazos sentimentales cada vez más reconocibles, aprendimos a apreciarnos entre los demás y a gustarnos más, siendo más cómodo y satisfactorio la seguridad de los lazos afectivos que sumaron calidad a los lazos culturales, así se fue construyendo el concepto de nación, y desde ella los medios para protegerla y desarrollarla.

El paso necesario se fue dando mientras nos fuimos encontrando con los otros. Aquellos con los que no compartíamos lengua y cultura, con los que no nos identificábamos. Ante los que nos sentíamos distintos. Pero ahí la lengua adquirió su máximo valor como instrumento cultural al proponerse como la mejor manera de atraer a los otros a nuestra cultura. La riqueza infinita basada en las diferencias que se reúnen ante el mismo mecanismo de trasvase de conocimiento. La expansión permitió a través del latín hacer romanos en sentido cultural y afectivo a gentes tan dispares entre sí que unidos por la lengua engrandecieron el Imperio mientras se engrandecían ellos mísmos. Lo mismo sucedió después con las grandes migraciones y conquistas hasta llegar hasta hoy, donde entre los poco más de doscientos países de Naciones Unidas, juntamos más de tres mil lenguas que ,sin embargo, se reducen a unas pocas las que de manera común, usamos para comunicarnos internacionalmente.

El castellano en España o español en el mundo es una de esas poquísimas lenguas cada vez más estudiadas en el orbe entero, lógicamente, somos muchos cientos de millones de personas que lo compartimos, lo que nos aproxima a una nación enorme que comparte la cultura de esa lengua, con las posibilidades que se nos abren por ello a todos los que formamos esa comunidad.

Solo digo que quien con intereses legítimos, sin duda, pero con miopía cultural, ponga piedras en el aprendizaje y desarrollo de esa lengua está tirando piedras a su tejado que, en cualquier momento, se le puede venir encima.

 

Las palabras son ojos abiertos de par en par al corazón de cualquiera. Diciembre