El paleto global

La gente sabe que una buena cosa para desenvolverse en la vida, es llamar a las cosas por su nombre, es decir; observar de cerca los asuntos e invertir en ellos, tiempo, sagacidad y conocimiento, para poder referirnos a ellos de manera sintética y gráfica. Nombrar es en cierta medida definir de una manera clara y contundente. Bien, pues muchísimo más difícil es adjetivar. Me está ocurriendo que según voy cumpliendo años, me acerco cada vez más a la gramática, la semiología, la lingüística, menos mal que también le pasa a grandes hombres como a Rafael Sánchez Ferlosio. Más me habría valido haberlo hecho al contrario, pero al fin las cosas son las que son y no las que queremos que sean. La mayoría de las veces.

El adjetivo que titula estas líneas es de la categoría de los despectivos, un calificativo aún más complejo pues no solo sirve para definir sucintamente lo nombrado sino que, encima, lo coloca en el estante de lo que se quiere perder de vista o no se aprecia demasiado. De Paleto dice el Diccionario de la RAE: “Poco educado y de modales poco refinados. Dicho de una persona rústica y no habilitada para desenvolverse en ambientes urbanos”. Creo que si fuera un acertijo se nos acusaría de simplistas: Estaríamos hablando Donald Trump quien además de todo lo que se ha dicho de él, casi todo cierto y cabal, es un paleto de libro. Y como este hombre, resulta que accede al trono de poder más grande del mundo, el asunto es peliagudo, misterioso y muy inquietante, aunque seguramente, menos de lo que ahora vislumbramos.

Debo confesar que me lo esperaba. Hay muchas señales sociológicas que nos llegan de sociedades civiles avanzadas cada vez más preocupadas de lo suyo. Es evidente que es la cola de la crisis económica que de esta manera certifica de que calibre ha sido, cuanto ha afectado a las creencias y vigencias sociales y qué responsabilidad tiene en el compromiso de estas gentes con temas que pueden parecer regresivos, pero que están en el ánimo de las sociedades civiles occidentales y se manifiestan de esta forma. Asuntos como el Brexit, el Lepenismo en Francia, incluso los brotes nacionalistas reduccionistas como el catalán nos lo confirman. Hay gente que solo quiere hablar de lo suyo.

Porque siendo verdad que Trump es un paleto y que nos va condicionar la política del resto del mundo de manera evidente los próximos años (de ahí su segundo calificativo de global) y empezando a tentarnos la ropa esperando no constiparnos demasiado en cuanto USA estornude, el principal dato no es que ese paleto faltón, machista y xenófobo, entre otras muchas cosas, mande en Occidente, sino de qué manera tan rotunda, sin cábalas posibles ha sido aupado a ese lugar con su propio partido en contra. No. Lo significativo es el número de paletos que se han molestado en votar para evitar que la Sra. Clinton les gobernara. Ese es el asunto.

Varias conclusiones se pueden sacar en estas primeras horas. La primera quizá sería como es posible que en un País cada vez más interracial y transcultural, el sentimiento paleto del trabajador blanco se imponga. La sensación que da es que algunos colectivos demográficamente trascendentes, aún no tienen su peso correspondiente en la política activa del país. Aún, afroamericanos y latinos, fundamentalmente, pintan poco. Mandan los que no quieren saber nada de solidaridad social, de ayuda internacional, de democracia participativa, de avances sociales, de alianzas internacionales y solo quieran hablar de las plazas de sus pueblos, los campanarios de sus iglesias, sus Dragstores y sus mujeres en sus cocinas. Y New York, que se quede dónde está. Ese, me parece el verdadero asunto. ¿Cuántos Donald’s Trump’s se sienten tan lejos del resto del mundo que lo ven como algo cuestionable?

Otra conclusión es que en las sociedades civiles modernas, se ha abierto de manera clara y definitiva, me temo, una auténtica brecha cultural que separa a las gentes que creen en la cultura como elemento crucial de progreso y las que se sienten confortadas viendo “OT El Regreso”. Entre esos dos colectivos hay tanta distancia que mientras uno medra el otro se deprime. Cada vez son más aquellos que prefieren ver un tutorial de cómo trinchar el pavo. ¡Dios nos asista! (dice un ateo)

El vuelo de las campanas ya no tiene diccionario de toques, solo una línea de enciclopedia. Noviembre