Debate de vestidura

La gente sabe la cantidad de lógica que hay en la inconsciencia, sobre todo la que se les cae a los niños desde la boca en aquellas preguntas de viejo filósofo griego en pleno rendimiento y que uno no sabe a ciencia cierta como aquel pequeñajo o pequeñaja, tiene esas ocurrencias. ¿Papi que es el debate de vestidura? Oí decir a una criatura de seis años. Sin comentarios.

El inicio del Debate para in-vestir al candidato del PP para la presidencia de gobierno ha comenzado como se preveía: Con un baile de máscaras. Los señores diputados, con corbata y chaqueta o sin ella, se han esmerado en caracterizarse de la mejor y más diferenciada manera acorde con su disfraz. Todos ellos se comportan como se visten y responden de esta manera al viejo adagio, revelando que efectivamente, el hábito hace al monje.

Sinceramente creo que sus señorías tienen un trabajo ímprobo en acoplarse a su disfraz y diferenciarse del resto. Nada me parece hoy más dificultoso que encontrar discursos diferenciados en la tropa. Todos responden según las directrices de su programa pero parece que dicen lo mismo. O muy parecido. Cada cual se viste de lo que toca e interpreta el personaje como se debe.

En 1738, el viajero francés De Brosses escribía de los carnavales de Venecia: “Durante seis meses todos los venecianos van con máscara, incluso los sacerdotes, el nuncio o el guardián de los capuchinos; un cura no sería reconocido por sus feligreses si no llevara la máscara en la mano o sobre la nariz”. Seis meses es un periodo parecido al electoral pasado. Sus señorías eligen sus vestimentas para presentarse en el baile del Congreso como los invitados del Duque de Berry, o el de Orleans aunque a aquellos acudían hasta más de tres mil máscaras.

Estos nuestros son más sobrios, solo trescientos cincuenta aunque al igual que aquellos acuden de todas partes, muchos de ellos travestidos, para equivocar o equivocarse. Al igual que sucedía en aquellas mascaradas, suceden cosas terribles, pues al amparo del antifaz, pueden apuñalarse por la espalda sin cortapisa alguna, salvo que te vean, y el Gran Hermano que son los medios de comunicación vigila incesantemente aunque bastante infructuosamente pues todos acuden a lucir sus galas ante las cámaras a paso ligero.

Nada nuevo bajo el sol de esta democracia nuestra donde cada uno declama su librillo con deleitación aplicando los cambios de entonación como si fueran ideas luminosas. Casi todos ellos han hecho hincapié en el tono del discurso del candidato, apagado y reservón, como buen gallego lleno de saudade por otros tiempos más prósperos. Hablan del nudo de las corbatas, del color de los trajes, de las barbas recortadas, de coletas, de sujetadores, de maquillaje, de postureo, como definió el portavoz del PP la actitud de todos los portavoces. Las formas, dicen. La democracia son las formas ha dicho un portavoz sin que se le cayera ningún diente ni perdiera el equilibrio. Dicho así en la solemnidad de la cámara baja, uno lo siente como un upercut de Muhamad Alí en el mentón.

Mientras, la gente suda ante el televisor, en camiseta, porque ya sabe lo que va a pasar y se resiste a creerlo. Indaga entre las máscaras temiendo encontrarse a los suyos disfrazados de los otros y a los otros como él. Se pregunta cómo ha podido ser tan imbécil de volver a votar lo mismo y duda sobre el valor del voto. Y ahí está el peligro inminente: El descreimiento y la hartura que pueden ser puentes de plata para el populismo más barato.

Procesionan las horas pidiendo árnica para sus gestos. Agosto