Historias de la vida privada

La gente sabe que los que han dominado la historia, o mejor dicho: Los que la han escrito o mandado escribir, se han preocupado mucho de que los hechos fueran descritos en su nombre. No vale haber ganado tal o cual batalla, haber conquistado tal o cual reino, sino dejarlo contado como Dios Manda, es decir: A nuestro favor. Los historiadores han sido por ello, buenos empleados que han puesto su pluma a merced de la historia interesada, a sueldo. Porque solo nos queda escrito lo que se han empeñado en salvar y no ha sido derrotado oro el tiempo. Para ello, había que saber leer y escribir y poseer un soporte que nos permitiera pensar en trascender. Por eso las inscripciones pétreas son los medios históricos de que nos valemos para interpretar la política de reyes y emperadores.

De la vida de los seres humanos que intentaban vivir alrededor del poder sabemos muy poco. La vida privada no era suficientemente interesante para contarla y además, probablemente el ciudadano de a pie ha tardado miles de años en aprender a leer y escribir y un buen escriba debía costar una pasta. El caso es que sabemos cosas de la vida del común de los mortales desde hace bien poco, cuando empezó a haber gente con conocimiento y voluntad de dejar escrito lo que le pareciera. Y aún así, la mayor parte de las memorias escritas son de gentes con la suficiente grandeza de vida como para creer que los demás debían conocerla también. En realidad hace bien poco que empiezo a leer escritos auto publicados de memorias de la la vida privada. Seres que no creen que sus recuerdos ni su vida sea lo suficientemente importante como para ser editadas para todos y hacen pequeños libros casi privados, los editan en ediciones cortas, cosa que afortunadamente hoy se puede hacer gracias a las técnicas de edición digital en los que cuentan las pequeñas cosas personales y familiares para unos pocos destinatarios.
El libro ha dejado de ser por ello un soporte de elegidos para autores de renombre para quedar asimilado a los soportes en los que la gente ha ido dejando su opinión personal. Las estelas funerarias del tipo que sean han sido uno de esos soportes donde se ha ido dejando la opinión del vivo sobre el difunto y la vida en general. Los epitafios de las lápidas del mundo son testigos de ello.

No hay, sin embargo, muchos testigos icónicos ya que se precisa del artista par ello y los de caBecerra siempre han sido muy caros. Apenas hay imágenes privadas salvo las que nos han llegado descubiertas de las civilizaciones griega y romana que eran, desde luego mucho menos púdicas que la nuestra. Las casas griegas y romanas si están cubiertas de pinturas o mosaicos donde junto a los Dioses y Mitos, se mezclan imágenes de gente que a veces nos muestran cómo se pueden superar los límites de la prudencia y la impudicia. Recuerdo la imagen de Il Tuffattore en la ciudad de Paestum, en el sur de Italia, fundada en el siglo VI a.c. Es un pequeño paño de pared donde se dibuja la imagen de un paisano que desde lo alto de unas columnas se estira en el aire camino de zambullirse en una piscina. Es apenas una imagen de paso de la vida de la ciudad que me parece de una importancia capital para explicar de qué modo la vida y los íntimos pasos de la persona se ligan a la historia de los pueblos c la trascendencia de las grandes escenas. Deben verlo quien no lo haya hecho.

La correspondencia es otro de los soportes trascendentales para comprender aspectos privados de importancia, por ejemplo de cara a ampliar la visión de algunos grandes personajes de la historia, pero aún no es suficiente. Realmente pienso que cada persona que sabe leer y escribir debería dejar escrito lo que ha vivido. En los pocos casos que hemos conocido enseñan tanto como los tratados de la Historia Política. Acabamos de ver cómo el hombre sigue por delante del político.

El viento parece quieto aunque siempre se está. Junio