No basta un corazón

No basta un corazón. Un solo corazón.                      

Cuando la ociosidad silba su deprimente canción

de implacable porfía.     En otro lunes al sol.

En su lento pasar. El día.

 

Presten un corazón. Un nuevo corazón.

Para mañanas sin despertador. Jornadas sin ton ni son.

Epitafio de las manos paradas. Exhaustas de idealizar

la música salarial. Callada.

 

Rostros sin rasgos. Voces sin ecos.

Números vagos. Idus aviesos

 

Un disparo al corazón afligido

del hombre útil que queda ensimismado.

Sin Dios que amanse al animal furtivo  

Que asuela el corazón de los parados

La gente sabe que una de las peores faltas de educación es citarse a si mismo. MI madre no lo habría consentido. Y me habría dado la vara hasta que, obligado, hubiera quitado del encabezamiento de estas líneas, algunos versos de esa canción, aún inédita, que espero grabar en este 2016 en el que será mi próximo disco lanzado a las fauces inapetentes del mercado. Es una canción sobre el problema social mas importante de la historia de la sociedad civil: El desempleo.

El Paro es un agujero negro de la sociedad por el que se vacía y se desangra a la vez, sin solución alguna en la mayoría de los casos.

En otras épocas, la sociedad, aún no civil, mantenía a su alrededor un ejército de personas que la rodeaban, representando los peores malos propios. La Peste, la lepra, la malaria, las diferentes discapacidades físicas y psíquicas, los lisiados de guerra, etc. Representados como siempre por el colectivo ejemplar: Los ciegos. En los alrededores de las Iglesias y Catedrales, los ejércitos de mendicantes cerraban literalmente el paso de las personas de bien que acudían a oír misa con los bolsillos preparados con algunas monedas que iban repartiendo según les fuera haciendo falta avanzar hasta el interior del Templo, donde aquellos pobres de solemnidad no eran aceptados. En esos tiempos aunque fuera a la hora de misa de 12 la sociedad bie pensante, veía con sus propios ojos el horro de la vida al otro lado de los márgenes sociales. Los niños se acostumbraban desde pequeños a dar limosna, aunque solo fuera para apartar al desdentado, al leproso o al ciego. Hoy. Es otra historia. Poca gente ya va a misa de 12, y el ejército de menesterosos está fuera de la circulación de forma que aquellos rostros, aquellas piernas vendadas, aquellos brazos amputados, aquellas bocas sarnosas, hoy son simplemente cifras. Cifras en el rojo de la sociedad civil, y los modernos desgraciados, los expulsados de la cotidianidad social, los marginados, solo son porcentajes: Los parados

Este país lleva mas de cinco años con un cuarto de su población fuera de los márgenes sociales, sin esperanza clara de recuperar la dignidad del empleado, del hombre que va a su trabajo, cumple con el, recibe su salario y se lo gasta en sociedad. Y eso es imposible de soportar. Para el país desde luego, para la sociedad sin duda, pero para la persona, imposible. La sensación de saberse inútil para trabajar es una de las mas duras que se me pueden ocurrir para vivir en una calle de un barrio y tener que salir todas las mañanas de casa para ver como pasa el día.

El pico del paro fue en la mitad de 2012 con el 27% de paro. Casi la tercera parte de las personas en edad de trabajar no lo podían hacer. Hoy, es verdad que ha bajado, casi al 21%, cinco puntos que son muchos hogares que vuelven a poder salir a la calle del trabajo y parar en el bar de la esquina a invitar a un vino a los que les esperan allí, como ellos antes. Pero no es suficiente. Veremos porqué.

 

Los meses pardos de la primavera dan resultados, aunque bajarán los precios del trigo. Abril