¡Por… españoles!

La gente sabe que es, que significa, ser español, italiano, o alemán, desde hace cuatro días, desde el XIX, y algunos, como los italianos, algo más tarde que los demás. Hasta hace bien poco, aún estaban vivos los padres de unas cuantas patrias: la alemana, la italiana, etc. Somos ciudadanos con una nacionalidad muy reciente si se toma en cuenta el devenir de la historia. De esos 6000 años aproximados, un par de cientos escasos. Parece poco. Además, siendo generosos, de esos 6.000 años de historia, al menos los dos mil primeros, fueron escritos en arcilla y poco sabemos, más bien conjeturas, para ello, convendría saber urrita, la lengua mesopotámica perdida y de la que nos quedan algunos signos, no más de 15. Y aún así, la nebulosa de la vida se diluye en la imaginación del cronista, por lo que, vistas hoy las fuentes históricas, es fácil conjeturar que hasta hace muy, muy poco, lo que se ha escrito son mandangas, aventis, cuentos interesados. Mucha imaginación y poca documentación.

Pues bien; En estas horas en las que andamos inmersos en la política de la búsqueda de pactos, esa dinámica en la que el: Y tu más. Se transforma en: Veamos.

Una de las encrucijadas en las que se dirimen los duelos de los pactos es la de la nacionalidad. En casi todos los ámbitos, la cuestión nacional, está presente. Es verdad que parece más mediática la cuestión catalana, que la vasca, y esta que la española, aunque algunas voces que no tienen que ver con las formaciones españolas, aquellas del yugo y las flechas o parecidas, quieren hacerse oír y se han manifestado como parte interesada en las supuestas ofensas a la españolidad, como las del partido de la Final de la Copa del Rey del año pasado.

Sin embargo, la cuestión de la nacionalidad que tuvo su mejor función en la construcción y diferenciación de la Europa del XIX, también tiene sus problemas y deberían pensarse mejor las cosas a la vista de lo que pueda suceder.

En 2004, siendo Codirector del ICA, Instituto de Estudios Avanzados de la Comunicación Audiovisual, en la Universidad de Castilla-La Mancha, emprendimos la tarea de producir un documental que dejara viva la memoria de un hombre que entrando en la ancianidad, era (y sigue siendo) un perfecto desconocido para la mayoría de los españoles: Jorge Pérez Troya. Dicho así suena a poco, pero se trata de un vestigio de la presencia republicana española en la ocupación alemana de Francia y la lucha por su libertad. Pues bien este señor con la Legión de Honor francesa y como General retirado del ejército francés, ya en 2004 era un hombre más de la tercera edad que se paseaba con su bastón y su gorrilla por las calles de su pueblo: Torre de Juan Abad. En ese documental que dirigió Ignacio Oliva, desvelamos su vida tras la derrota de la República española: Pasó a Francia, fue detenido en campos de concentración en suelo francés. La Gestapo le mando a trabajar a un astillero en Normandía de donde huyó para fundar La Resistance junto a Jean Moulin, cuyos miembros más activos fueron republicanos españoles. Estuvo en el comando que protagonizó el asalto al hotel Le Meurice, primera acción de la lucha contra el invasor alemán y tras caer de nuevo detenido, pasó dos años más en Mauthausen-Gusen.

Jorge Pérez Troya, me contó que un día le preguntó al oficial alemán al mando del campo de exterminio porque mataban a judíos, homosexuales, gitanos. El oficial le dio sus razones, y cuando le preguntó por qué les mataban también a ellos, los republicanos presos, le contestó: ¡Por españoles!

Acuérdense que a historia se repite para todos.

La muerte hace de la arbitrariedad su guadaña. Febrero