y NS/NC IV. El discurso político

La gente sabe cuando la gente no habla para sí, sino para los que le oyen. En cada nivel social, desde el familiar al global, cuando alguien decide o le deciden transmutarse en individuo público, desarrolla inevitablemente la capacidad mayestática de hablar para los otros, aunque sea, a veces lo es, en la comunicación intrapersonal. Hay gentes que hablan consigo mismo como si de otro se tratara, refiriéndose siempre a sí mismos en tercera persona.

El discurso para los demás, siempre es político. Lo es porque se construye desde la intención política y pensando en ella. Quiere eso decir que siempre que pensamos en los otros y nos decidimos a explicarles nuestras razones, construimos un discurso político, sea en una reunión de alcohólicos anónimos o en un mitin en una plaza de toros. Esa, la condición política, viene de fábrica desde la acción personal. Incluso deberíamos decir que es la conditio de la misma.

En estas fechas tan señaladas, como diría un clásico, llevamos un tiempo dedicado a la recepción de discursos políticos. La cita electoral de este 20D, en las circunstancias en que se convocaba, nos aboca, si cabe, más que nunca, a atender con criterio los discursos de los líderes de los partidos políticos. Aquellos tiempos del programa, programa, programa del gran Julio Anguita ya pasaron, de tal forma que hoy, los programas de los partidos, aún publicados y repartidos, apenas sobrepasan los abstracts que imponen los tiempos de los medios de comunicación, donde es necesario explicar el futuro deseado para el país en no más de sesenta segundos. Poco futuro se puede explicar, salvo que se abstraiga de tal manera que termine pareciéndose tanto a cualquier otro, que no merezca la pena desarrollarlo.

El 20D nos ha traído novedades viejas. Asuntos tan anunciados que eran conocidos antes de suceder, por eso la gente no se ha manifestado ante el cambio tan profundo en los equilibrios electorales. Así en plural, pues se ve que son varios los posibles contubernios para formar gobierno.

En lo que sí se fija la gente es en lo que dicen los líderes de los partidos cuando salen tras la jornada electoral. De esa actitud se pueden sacar algunas conclusiones sabrosas. Ya sabemos que todos han ganado y que es difícil encontrar un perdedor que reconozca la derrota, siempre que sea capaz de hablar, claro. Por ejemplo, en esta cita, nadie de UPyD ha podido decir nada porque han sido borrados del mapa. Y me parece que para siempre.
Pues bien. Una cosa curiosa es que en las informaciones de TV, por ejemplo, apenas se circunscribían a la información sobre los cuatro partidos más votados: PP, PSOE, PODEMOS y C’s. Nada de los demás. Y ahora sabemos que esos de los que apenas supimos nada esa noche, son determinantes, como casi siempre, para la futura creación de un Gobierno que aguante toda la legislatura. Sin cambios desde el 78, los partidos nacionalistas tendrán, de nuevo, la palabra en cuestiones de Estado. Una hermosa paradoja. Aquellos que lo cuestionan son quienes tienen la llave de su gobernabilidad. No sé qué diría de esto Enrique Jardiel Poncela. Y casi prefiero no saberlo.

Digámoslo: De todos los discursos pronunciados en las sedes de partido, sólo escuchamos tres discursos políticos: los de Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Garzón. Los demás dieron las gracias a los suyos, y alguno, se declaró encantado de conocerse como Sánchez. O sea: UNA PENA.

¡Si tantas luces cambiaran de fachada a cabeza! Diciembre