NS/NC II

La gente sabe que no es lo mismo no saber de algo, que no contestar, porque sabiéndolo, no se quiere comprometer con la respuesta. Porque la gente sabe muchas más cosas de las que sus políticos sospechan, y las sabe, porque está atenta a todos ellos buscando las distancias que le permitan decidir que votar.

A pesar de lo se pueda pensar en contra, la sociedad digital esta desideologizada, tanto como su tiempo y eso a la Política, con mayúscula, es como quitarle el odio a la venganza. El suelo. Sin ideología todo lo situacional sustituye a las ideas y la coyuntura y otras cosas cercanas, se asoman a las grandes decisiones. Las cosas de última hora pueden ser decisivas y dar la vuelta a un Gobierno. Acuérdense de las elecciones del 14 de Marzo en las que ganó el Partido Socialista Obrero Español (la verdad es que me cuesta cada vez mas seguir otorgando a esta formación los tres adjetivos calificativos. Quizá el último aún lo conserva porque lo que es el de socialista y obrero...) con José Luís R. Zapatero al frente cuando unas horas antes todas las encuestas fundamentadas daban victoria al PP por mayoría absoluta. Los sucesos del esos tres días desde el 11M al 14 dieron la vuelta a la tortilla. Esa circunstancia es posible, insisto, por la dependencia de lo coyuntural, de que el día de las elecciones llueva o haga sol, que nadie se ponga malo o que a ninguno se le olvide subirse la cremallera de la bragueta al salir del servicio. Los medios de comunicación dan cuenta de la actualidad en tiempo real. La gente no tiene que esperar a la tarde para comprar el Informaciones o Pueblo. No, simplemente se sienta en su asiento del vagón de metro y se conecta a internet. La actualidad es tan inmediata que se están conociendo las cosas en la calle antes que en los medios de comunicación. Cualquiera puede decirte lo que acaba de suceder en Barcelona mientras escuchas las noticias que aún no lo cuentan.

El conocimiento exhaustivo de los detalles de partidos y candidatos nos coloca en la cotidianidad y nos aleja de lo que verdaderamente importa que son las diferencias entre programas, no entre personas.

Los carteles publicitarios de Ciudadanos, por ejemplo, son una foto primer plano de Albert Rivera con la leyenda: “vota a Albert Rivera” y debajo muy, muy pequeño, el acrónimo: C’s. Algunos están pensando en un tiempo venidero en que los candidatos no necesiten partidos políticos que les respalden. Menos mal que todos se mantienen físicamente aceptables. La personalidad y la belleza son cada vez mas importantes mientras que las ideas han pasado al obsoleto mundo de la lectura. Ese que casi nadie usa ya. Al menos existen los programas de lectura digital de forma que en vez de leer el discurso podemos oír la voz del traductor narrándolo.

Sin ideología es muy complicado mantener la dignidad en el concurso político y el voto es cada vez más banal, evanescente, oportunista, arbitrario y, consecuentemente, peligroso, porque cada vez se vota sobre percepciones más Ligts y personalismos basados en lo ingenioso más que en lo genial.

Parece obvio que la pérdida del compromiso ideológico es perfectamente consecuente con los valores eje sobre los que gira nuestra existencia actual y que las colas para entrar a Primark para comprar, las quisieran los teatros para sí. Nos debatimos en un océano de simplismo y abstinencia cultural que alumbra un hombre abandonado por sus ideas, dependiente de las oportunidades de los Black Fridays. Que huele cada vez mejor, viste mejor, come menos y más sano (el que puede) pero que ya no cree en que nadie se puede salvar solo.

Solo los pobres luchan, los ricos tan solo discrepan. Diciembre