Los Banlieu. El fracaso social occidental

La gente sabe, aunque no lo haya estudiado, la trascendencia de la socialización en el progreso y consolidación de la existencia humana. Lograr que los que llegan se integren, que compartan los valores, las estrategias, los fines, es trascendental para la supervivencia del grupo. Es curioso, por otra parte, como después de miles de años de vigencia de modelos sociales superiores, todavía sea el grupo el espacio trascendente del hombre. Aún la tribu se pone por delante de todo. Su pertenencia, la salvaguarda de sus modelos es aún, y me temo que cada vez más, trascendental. El miedo que me causa, tiene más que ver con las esperanzas puestas en la globalización que otra cosa, pero da que pensar.

El grupo es cada vez más importante en la socialización del hombre porque cada vez esta mas solo. El hombre informatizado, habitante de la aldea global es, según se dota de elementos informáticos autosuficientes, cada vez más aldeano, y más universal. Una bomba social.

Hay demasiados ejemplos a la vista como para detenernos en alguno de ellos en estas pocas líneas, pero, manifestaciones sociales masivas exitosas como el fútbol, nos recuerdan de vez en cuando que en el seguimiento y apoyo de los grandes clubs internacionales están muy presentes y activas sus ultras, sus barras bravas, como les llaman en Argentina muy acertadamente, que de vez en cuando se destruyen entre sí en peleas sin fin que recuerdan los comportamientos tribales previos a las sociedades jerarquizadas del tercer y segundo milenio de nuestra era. Etc.

Las sociedades siempre han estado muy atentas de manera más o menos científica a este asunto del intercambio simbólico. Por eso, por ejemplo, en un país como el nuestro, ningún partido político parece capaz de cerrar un acuerdo sobre educación. Saben que ahí, está la madre del cordero. La sociedad necesita dotarse de elementos extra culturales que refresquen los valores propios. Gentes de otras culturas que aporten diferencias para enriquecer la mezcla. La migración humana es necesaria para las sociedades occidentales, aunque hace tiempo que el modelo está en cuestión a causa del empuje del fundamentalismo islámico que esparce su frustración por todo el mundo occidental sembrando el terror en las calles de las principales ciudades europeas.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué la sociedad occidental no ha conseguido seducir al inmigrante islámico de tal forma que no solo no acepte y comparta los valores occidentales sino que además radicalice los de sus padres o abuelos?

Los miembros de la última acción terrorista en París, son franceses y belgas, nacidos en París o Bruselas, capital de Europa. Han ido al colegio en francés o flamenco, no en árabe. Han recibido lo mismo que cualquier otro niño nacido en su tiempo, y sin embargo, parece que no hubieran logrado salir de sus ancestros. O aún peor, no es que no hayan entrado en la sociedad de valores occidentales sino que han salido de ella conociéndola para volver a entrar a destruirla. Nos hablan de lobos solitarios, pero son millones. Gentes decepcionadas, que resisten en barrios mono culturales despechados. Con ansias de venganza por las oportunidades escamoteadas. Barrios donde ha dejado de verse las televisiones locales.

Barrios donde se cierran locales comerciales y se abren mezquitas. Otra sociedad más lejana, desconocida, y basada aún en valores que la sociedad occidental, cada vez más agnóstica, mira tapándose la cara. De miedo. O de vergüenza.

Los Muhecines, como las alondras, anuncian los tiempos de furia, venideros. Noviembre