Reconciliación

La gente sabe que todo lo que se ata se puede desatar y volver a atar de nuevo. Sin embargo, fundamentalmente con los símbolos denominados fundamentales, solemos darlos por resueltos en su atadura y no se contempla otra solución. Es verdad que los vínculos son muy distintos y en la vida de una persona cambian mucho y cambia, también, la trascendencia del mismo en la persona y no siempre puede preverse. Tengo un amigo que se ha casado cinco veces y cuando le comenté que me parecía lógico que cada vez fuera mas fácil, mas normal, me contestó que todo lo contrario. Cada vez le parecía mas difícil. O sea que nunca se sabe aunque puede preverse y cada vez, creo, lo hacemos mas.

En el caso de las relaciones personales, los vínculos son trascendentales porque se establecen a través de los sentimientos y en el desarrollo de la convivencia, puede gastarse el bonus que nos han dado y deteriorarse. Y al contrario. Hay gente que se lleva fatal a una edad y que pasadas ciertas urgencias comienza a soportarse.

En esta digresión no entran aquellas vinculaciones que se rompen por dentro pero se mantienen estables por fuera. Es verdad que parecen mas cosas del pasado que contemporáneas, pero no es así. Por moderno que pueda parecer por ejemplo el matrimonio entre personas del mismo sexo y bien que lo es, hay gente que habiéndose casado después de una lucha tremenda por los derechos de gays y lesbianas, una vez casados, les cuesta romper el vínculo. Curiosamente considerado por la sociedad bien pensante como un vinculo mas endeble que el del matrimonio heterosexual con familia. Pues no. A las personas les cuesta romper el vínculo establecido. Y les cuesta porque saben de que va lo que viene después de eso. Viene vivir con lo que se ha roto. Y sabemos que cuando es efectiva la ruptura, en realidad llega desde bastante antes y generalmente, cuando se escenifica es el ceremonial último de lo que ya no existe.

Sabemos también que a veces, las rupturas son diegéticas, van a favor, significan una pausa en la que se ven las cosas de otra manera y se resuelven en algo definitivo o al contrario, significan una reconciliación, una vuelta al acuerdo, al concilio y a empezar de nuevo. El asunto es que ese empezar de nuevo es muy relativo. Es verdad que se vuelve a comenzar desde un nuevo punto de vista y en función de la experiencia próxima de la ruptura, pero también es cierto que el pasado no se borra así como así y sigue estando vigente.

El tema viene a colación por el deterioro rupturista que detecto en las gentes de la calle de eso que aún llamamos España con Cataluña. Ya sé y lo advierto que eso que llamamos Cataluña no es ni por asomo la imagen de Artur Mas. Pero el sinfín de esteladas en los partidos de fútbol y las decisiones del parlamento catalán, incumben a la imagen de toda Cataluña aunque sabemos que hay mucha Cataluña callada.

Las posiciones independentistas son legitimas y poco democráticas a la vez y lo que nos preocupa, incluso más que el resultado del proceso es lo que vendrá después. Tanto si Cataluña se independiza constituyéndose en Estado soberano como si finalmente encuentra un encaje en España que lleva buscando y despreciando a la vez toda su historia, el caso es que sentimentalmente España y Cataluña han roto. Y tanto en un caso como en el otro, tendremos que seguir relacionándonos aunque me temo que será a través de una reconciliación muy costosa y quién sabe si posible. Me temo.

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Otras lenguas nos dicen la nuestra y añaden música nueva . Octubre