Fama y popularidad

La gente sabe que todos no somos iguales. Que cada cual tiene su particular perfil y que somos capaces de parecer lo que no somos y ser como no parecemos. La vida del hombre esta y ha estado siempre llena de matices que puede que provengan de nuestra naturaleza animal, somos lo que comemos se dice en los anuncios de dietética y a pesar de ello, sabemos que tienen razón. Dependemos con firmeza de la naturaleza propia y la del medio que nos rodea. Por eso, aceptamos de manera cotidiana que el hijo del portero se gradúe con sobresaliente a pesar del exiguo sueldo de su padre mientras el vago de nuestro vástago, sestee en los laureles familiares. Cada uno es como es y punto.

De cuando en cuando convenimos que las cosas parecen que han cambiado con celeridad y profundidad pero el resultado del cambio no es tan distinto de otros cambios parecidos a lo largo de nuestra historia. Se suele argumentar que la distinción del ser humano es la de ser capaces de cambiar siempre a mejor. Desde el punto de vista sanitario, cultural, fisiológico, etc. Somos mucho mas capaces que nuestros antepasados en todo. Aunque como seres evolutivos, nos tecnologizamos como se despluma una cría de azor, con la certeza y disposición para que el cambio se nos adelante y nos llevé de la mano siempre sobre su ruta. Ya sabemos que somos una sociedad, la occidental, dependiente de la comunicación humana. Otras aún no han llegado, pero nosotros sabemos que tanto sonamos, tanto podemos sonar.

En una encuesta reciente efectuada entre alumnos de secundaria del país en la que los pedagogos y profesores universitarios nos preocupábamos por descifrar los códigos de conducta del futuro alumno de la Universidad, precisábamos saber cuales eran las tendencias expresas y cuales las encubiertas. Tenemos tanto que reformar en la vida universitaria que pretendíamos adelantarnos a la propia expectativa con el fin de mejorarla para hacerla mas exacta, mas eficaz.

Pues bien, entre las preguntas que se formulaban, alguna de ellas incluía, como siempre pasa, una retórica decisionista que debería llevarnos a conocer lo que los alumnos querían ser. De esta forma, podríamos ser capaces de desarrollar mecanismos para aprovechar capacidades. A los chicos se les preguntaba directamente que querían ser: Claro que hubieron algunos que contestaron los ítems como auténticos veteranos. Otros, sencillamente dijeron la verdad: Querían ser “famosos”. No médicos o ingenieros o periodistas. Famosos.

Es verdad que la fama es la consecuencia excepcional de la excelencia reconocida. Hay mucha gente excelente a la que los demás no reconocen. La capacidad de que el trabajo de uno logre ser percibido por los demás, apreciado y valorado es muy pequeña, entre otras cosas porque los demás, muchas veces no saben como valorar lo descubierto. Yo creo que lo que quieren decir las respuestas no es tanto alcanzar esa consecuencia del bien hacer sino directamente ser popular, que parece lo mismo pero es diferente.

Muy comúnmente, las personas populares han llegado a serlo por una serie de confluencias entre sentimientos, percepciones y premisas manejadas oportunamente social y humanamente al margen de sus méritos objetivos. De hecho, estos no aparecen por el manual en ningún sitio. Entre Fama y Popularidad caben muchas de las peculiaridades humanas de forma que un científico famoso puede ser irreconocible caminando por la acera, mientras que alguien popular, lo sea sin que sepamos muy bien porque lo es. La lógica, quizá la mas deseada de las cualidades intelectuales del ser humano está ausente de esta disyuntiva, conscientemente. Mientras, los chicos quieren salir por la tele. La razón les es indiferente. Porque saben que no importa nada. Nada.

 

Nada logra ocultarse tras las palabras dichas, solo tras las sentidas . Octubre