La gran Cataluña

La gente sabe, como yo, que Cataluña es una Nación. Es más: Una gran Nación. Una suma de peculiaridades diferenciales que le dan esa condición. El conjunto social y cultural preciso para poder identificar un todo común e, insisto, diferencial. Dudar de esto, como parece que hacen algunos es dudar La Mayor. Si algo tienen los catalanes son diferencias con las otras Naciones que les rodean aunque, lógicamente, comparten también muchos rasgos culturales, lingüísticos, y genéticos. Son diferentes de los italianos de los portugueses, de los tunecinos, de los griegos, de los marroquíes y según explica Junqueras, comparten genética con franceses y suizos. ¿Y con los españoles? Con los españoles no se pueden comparar porque realmente España, el Estado más antiguo de Europa no es una nación. A ello se empeñaron con fuerza, recursos y poder todos los absolutismos españoles y las dictaduras y la prueba que no consiguieron la aportan ahora, de nuevo los catalanes, orgullosos de compartir genética con los suizos, con perdón, uno de los pueblos más insignificantes de Europa y franceses, probablemente quienes más les han despreciado por su condición sureña. Y radiantes de no tener nada que ver con vascos que dieron la vuelta la mundo y burgaleses que alumbraron juntos una lengua que hablan quinientos millones de personas o más, ni por supuesto con andaluces que se ponen trajes de lunares, van a los toros, saben beber y comer y han desarrollado el folklore más extendido del mundo desde una minoría marginada y que supieron vehicular para hacerla patrimonio de la humanidad. Ni hablar de los gallegos esos pobres inmigrantes, claves en el despertar de todo un continente, ni extremeños, toscos aventureros, descubridores y presuntos asesinos de indios, ni tan siquiera valencianos, o baleares que hablan la misma lengua o de aragoneses fronterizos de quien tomaron el nombre del reino que reivindican. En fin con esto que llamamos España. El estado menos nación de Europa.

Pero como es sabido, los nacionalismos no se sacian nunca, es un camino sin fin donde la curva siguiente solo anuncia la que sigue. Así, se van reduciendo a cada vez menos territorio según se van poniendo de manifiesto lo que separa a uno de otro y una vez vista, señalada e identificada la diferencia, la razón nacional debe imponer otra independencia más, así es que, con la vista puesta en el Vall dÀran, el delta del Ebro y otras, la sociedad urbana de las ciudades grandes, sobre todo Barcelona, se ha impuesto un ejercicio de limpieza étnico-cultural para borrar de su historial a juicio de muchos, lo mejor que históricamente han tenido: La Cataluña Charnega. Los escritores latinoamericanos que iluminaron una era nueva de la literatura, los flamencos catalanes como Carmen Amaya o Poveda, considerado número uno de los cantaores (¿cómo le sentará esto a Junqueras?), El gigante Juan Marsé o todos los revolucionarios del Paralelo que le quitaron las zurraspas a la impávida burguesía catalana.

No sé cómo será la nueva Cataluña, pero me temo que se arriesga a ser peor de lo que es, porque en casa no se tiene todo ni lo mejor tantas veces. Es preciso salir fuera y mezclarse, cosa que no veo que esperen hacer.

Las Naciones son trascendentales para construir grandes sociedades desde la suma de ellas y los intentos contrarios se han saldado con enormes fracasos cuando no con sangre incontable derramada. Todas las grandes sociedades que han protagonizado la historia del mundo, como la egipcia, la griega o la romana, en la antigüedad o como en la historia moderna, la española, la norteamericana o la Rusa, o las emergentes como la brasileña, la australiana, la canadiense, la mejicana, Todas, son plurinacionales. Pero claro, esto solo son reflexiones, no sentimientos.

¡Reflexión tras reflexión hasta la improvisación final en el azar! Octubre