La caza ilegal no es caza

La gente sabe que las cosas, primero se hacen, porque la acción es la columna vertebral de la conducta humana, sin ella todo queda en el aire, solo cuando se materializa en acción se puede hablar de ella. Hasta ahí solo es pensamiento, intención, voluntad. Futuro. Después se metabolizan racionalmente, se analizan los hachos, se comparan con las normas, las que sean, se evalúan y finalmente se aceptan o desechan. Luego tanto si se han incorporado al catalogo deseable de la conducta de forma que sirvan como modelo, como si se han rechazado por inválidas o inconvenientes, se simbolizan, se crean modelos mentales representativos siguiendo el modelo: Referente-significante-significado. De esa forma, el hecho, consecuencia de la acción puede ser transferido en una interacción simbólica con el otro con el objetivo que este, no precise repetir la acción para evaluar si le interesaría o no. Si lo ve pintado, escrito o vocalizado sabrá de que se trata. De esa forma se puede conocer al dedillo New York sin haber volado nunca allí.

La conclusión de este proceso es que en general, los seres humanos atesoramos la inmensa mayor parte de lo que sabemos, no porque lo hayamos hecho o conocido directamente, sino porque nos lo han contado. Nos han transferido las construcciones simbólicas que lo representan. Y ahí esta la cuestión. El ser humano moderno depende así, de manera fundamental de lo que le cuentan. Y lo que le cuentan es interesado, no es baladí el sesgo, responde a unos intereses que están al margen del proceso. Por eso desconfía. Por eso debe desconfiar.

El objetivo de estas líneas es animar a los lectores de prensa de este país, gente bienintencionada que cree en la libertad de comunicación, a desconfiar y no prescindir a la hora de metabolizar el juicio de los expertos. Pero de los expertos de verdad.

La cosa viene por una noticia de primera plana de hoy: “Zimbabue procesa a uno de los cazadores acusados de dar muerte al león Cecil”. Todos saben de que se trata y no merece la pena recordarlo aquí. Pero el asunto se trata hablando de “cazadores” y “caza” Y lógicamente, cualquiera que lo lea, tendrá derecho a hacer una relación de sentido con los otros cazadores. Los que conozca o de los que haya oído hablar. Pero naturalmente se equivoca. Los cazadores que lo somos, no tenemos nada que ver con estos individuos del asunto, empezando por Mr. Walter Palmer que puede creer que usando un arma “mas deportiva”, entre comillas, se ajusta a la ética del cazador. Pero no. Comienza por corromper con dinero a varios facinerosos que tienen carnet de cazador profesional y licencia correspondiente, pero que no son cazadores, porque no se atienen a la ética de la caza. En este caso ni siquiera podemos acudir a la famosa frase del poeta Virgilio: “Venare non est ucidere” (Cazar no es matar) pues precisamente a eso se refiere el poeta, a que cazar es matar bajo una ética. Cuando las cosas pasan como en este (y tantos y tantos) caso, no hay “caza” ni “cazadores”, solo hay delincuentes. A quienes la justicia debe perseguir y apresar, juzgar y condenar con severidad.

El caso ha salido en la prensa internacional por tratarse de un león especial, pero lo mismo sucede casi cada día con leones, elefantes, rinocerontes, tigres, tiburones, chanquetes o águilas. Delincuentes asesinan por intereses espureos, animales protegidos, joyas de la naturaleza, emblemas de la biodiversidad y los intereses que les mueven son aún mas escandalosos que los que confluyen aquí.

Los cazadores. Aquellos que podemos llamar así, son personas concienciadas de la conservación de las especies y sus hábitats, que emprenden su acción de forma exclusivamente legal, tutelados por las autoridades competentes, en los plazos y condiciones que estas han establecido y promulgado por ley previamente, y que tienen profunda conciencia conservacionista, y por eso, solo cazan porque creen que de esa manera ayudan a conservar las poblaciones salvajes que sin ellos como principal depredador se deprimirían y agotarían los recursos de sus territorios para potenciar así pandemias irreversibles que terminarían por hacerlas desaparecer. Y todo ello según un comportamiento ético y racional. Ahora comparen. Y cuénteselo a los periodistas generalistas a ver si aprenden: Lo dudo. Demasiados intereses, prejuicios y desconocimiento.

 

Veranos de fuego y fuego. Destructores. Los recuerdos no sudan. Julio