Las predicciones

La gente sabe de qué forma desaparece lo inesperado y sigue estando vigente lo que pensábamos que era efímero. Tiene que ver desde luego con la incapacidad humana de calibrar su propia conducta y ponderar sus propias acciones. El tipo este que llamamos humano se pasea por el tiempo como quien cree que todo es suyo y siempre lo será. Es increíble como habiendo visto tanta muerte sigue conduciéndose como si no fuera con él, como si él, sí que fuera inmortal. De otro modo, no se permitiría mantener el error como principal medida de comprender el entorno que él mismo ha creado. Da la sensación que lo que sucede por su mano le es ajeno. Tanto que le parece un galimatías una y otra vez.

Los augurios fueron, son y serán valiosísimos, puede que lo que más persigue el hombre. Todo lo que ambiciona está en el augurio. Si no tiene lo que ambiciona, esperará a ver con seguridad cuando lo puede tener. Información privilegiada diríamos hoy. Por eso ha pagado tanto por ello y por su causa ha provocado tanta muerte. Este hombre de hoy ha heredado de todos los anteriores el afán por descubrir lo venidero. En nada gasta más medios ni más intención.

Y sin embargo, y puede que por ello, sigue de error en error hacia su fracaso continuado en el tiempo. No logra encontrar la fórmula para saber que viene, que se quedará y por cuánto tiempo y que desaparecerá y en cuánto tiempo. La Ciencia toda, así con mayúscula, es producto de ese impulso irrefrenable de adelantarse al tiempo. Los descubrimientos científicos que han logrado explicar lo existente terminan dando la razón a quienes lo predijeron y quitándosela a los que pensaban en contrario, pero solo cuando su avance se adelanta al presente para alumbrar el futuro es cuando se da por bien invertidos los esfuerzos. Hayan costado lo que hayan costado.

Los descubrimientos científicos son cada vez más trascendentes para la existencia porque la Ciencia busca la aplicabilidad más que la conceptualidad. Se investiga sobre aquello que tenga mayor capacidad de aplicarse de inmediato a la vida humana y sus preocupaciones. Los grandes interrogantes. Las dudas pendientes, quedan cada vez más relegados por aquellas investigaciones que permiten al hombre asomarse mejor a su presente, con mayores y mejores medios aunque sigue persiguiendo como un poseso conocer con antelación lo que pueda servirle.

Está claro que vivimos en la sociedad de la comunicación y que la posesión del dato porvenir es un producto inmediatamente vendible. Pero en realidad, la ciencia sigue la senda del error porque con lo único que cuenta es con la experiencia y el entorno. A salvo la especulación metafísica, los investigadores están más preocupados por conocer las tendencias de Zara en su ropa de niños para 2016, el tiempo que hará en el medio oeste americano en 2030 o en qué momento se prevé que los españoles dejen de escupir en las aceras. Quizá los poetas y los filósofos ociosos tengan tiempo de hacer conjeturas, algunos músicos puede que también y pocos más. Los demás: A perseguir el dato predecible.

“Hay que ser un poco anormal para ponerse a trabajar en algo sin que nadie se lo mande a uno” asegura Javier Marías en su novela Los enamoramientos. Pues eso es a lo que se dedican aquellos que pretenden saber por adelantado lo que los demás ignoran. La información es riqueza pero ojo a lo que dice Antonio Machado: “¡Lo que sabemos entre todos! ¡Oh eso es lo que no sabe nadie!

El caso es que no acertamos más que en un porcentaje despreciable, por eso la vida nos sorprende con huracanes, tsunamis, olas de calor o cotizaciones del dólar. Y es que la predicción sigue siendo un juego de rufianes.

Han cerrado las ventanas del cielo y nos asfixiamos. Julio