Y en eso llegó Obama

La gente sabe que si el gran Carlos Puebla viviera, tendría que pensar en empezar a cambiar aquella famosa canción suya, emblema de la revolución cubana: “Aquí pensaban seguir ganando el ciento por ciento con casas de apartamentos y echar al pueblo a sufrir. Y seguir de modo cruel contra el pueblo conspirando para seguirlo explotando… y en eso llegó Fidel. Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar…” Los Estados Unidos de América abrirán de nuevo su controvertida Embajada después de 54 años, aquella que fue nido de tantas cosas en los años cincuenta, previsiblemente el día 22, en que llegará su Secretario de Estado, el primero en la isla desde 1945.

No se sabe de verdad en dónde ha vuelto a comenzar la iniciativa, puede que en cualquier sitio de uno u otro país aunque en cualquiera que lo haya hecho, suena a rendición. Puede que los EEUU hayan, por fin, comprendido, al menos sus sectores más conservadores, que al enemigo ya no se le divisa desde la Base de Guantánamo, por mucho que se empeñara en ello el personaje interpretado por Jack Nicholson en el film Algunos hombres buenos. Por mucho que algunos columnistas se empeñen, la guerra fría está muerta y enterrada y los misiles rusos están en Kamchtka y no en Bahía de Cochinos apuntando a Key West. No, el enemigo de verdad no habla ruso, habla la lengua de la Yihad y apunta desde no se sabe dónde.

Por otro lado, hace tiempo que los vientos bolivarianos en el continente americano que habla español, eso que siempre se llamó el patio trasero americano, como si fuera en West Side History, los gritos suenan tan fuerte que les cuesta dormir a los de Brooklin por lo fuertes y por lo próximos. Es verdad que los humos parecen haberse dormido junto a la tumba de Chávez y lo que arma jaleo tiene un PIB irrelevante. Pero esa corriente que atraviesa las venas de América Latina bombea sangre caliente desde Nicaragua a Argentina y siendo verdad que las formas cambiaron de cuarteleras a algo menos chuscas, los votos democráticos sostienen gobiernos afines y conniventes con el modelo cubano. Y eso, seguro que también influye.

Como influye el cambio experimentado por el exilio cubano en USA. Y su relación con la Isla. Nada es como era y la que es hoy protagonista, cuarta generación, habla español con acento de Santa Clara pero hace tiempo que se le secó el culo mojado.

Por otro lado, en la isla, las cosas tampoco son las que eran. Las grandes consignas son difíciles de sostener en el tiempo y el empeño en mantener el enemigo termina familiarizándote con el. Fidel no se pone el verde oliva más que en ocasiones contadas y desde su habitación, en chándal, se asoma al Granma cada cuanto mientras el país comenzó hace tiempo a aprender a vivir sin el. Tuvo durante su mandato tal presencia personal en la vida de los cubanos que sin el las cosas parecen diferentes. El mandó parar, como dice la canción de Puebla y el no hubiera podido mandar a echar a andar de nuevo. Ni se lo hubieran creído. Es verdad que Raúl se esfuerza en mantener la cubanidad como síntoma de la vida revolucionaria y que sin ese concepto, parece difícil comprender tantas cosas en Cuba. Pero también es cierto que cierto cinismo revolucionario y cierta hipocresía militante ha llenado las calles de La Habana de gentes en bermuda con gafas de sol buscando apartamentos que comprar y diseñando por las esquinas el desembarco del dólar de manera extensiva, porque de cualquier otra manera, su presencia en la vida cotidiana de la isla ha sido y es predominante. Nunca se fue. El sostén de los barbudos también afloja. La escena internacional se ha dejado de romanticismos y Diarios selváticos y solo teme por su culo cristiano.

Para terminar de pasar la onda, vuelven a verse tras las matas las garras de la prensa norteamericana, como en el 98. Parecido. Mientras, ambos pueblos juegan al béisbol en las calles. ¡A afeitarse tocan!

Entre el odio y la admiración no cabe el pelo de una gamba, castiza, por supuesto. Julio