Promesas electorales

La gente sabe que dar y recibir promesas es un vínculo necesario entre gentes que dirimen entre si asuntos propio de todos. No las cosas del corazón que quedan en la intimidad, salvo que entremos en la mística religiosa.

Los humanos prometemos desde muy jóvenes, de hecho es de las primeras manifestaciones que en la infancia nos revelan y aseguran la primera socialización. En cuanto prometemos algo al compa del cole, establecemos un vínculo con el a través de lo prometido y lógicamente (He ahí la cuestión) con el cumplimiento, su grado y no digamos su incumplimiento.

La promesa nos asoma a la relación fundamentada que pretende solventarse y permanecer, porque cuando se promete, se esta estableciendo una dilación en la relación entre quien promete y a quien le prometen. Al menos hasta el plazo de la promesa. Y esta es otra cuestión a tener en cuenta. Toda promesa implica un plazo conductual. Pone término a lo prometido. La promesa no es sino eso en esencia, el establecimiento de un plazo para hacer o cumplir con lo que nos hemos comprometido a hacer. Sin el concepto temporal, la promesa quedaría en un limbo sin sentido, entre otras cosas porque malamente podemos comprometernos a cumplir algo que esté alejado en el tiempo. No somos capaces de establecer la seguridad que implica el cumplimiento si el tracto temporal no se establece.

Por otro lado, la promesa exige al que la formula un compromiso que es directamente proporcional a la seguridad que tiene de cumplir lo prometido. Uno no se compromete sin tener una seguridad muy completa de poder cumplir. Salvo que estemos mintiendo y la promesa sea una argucia, situación en la que la condición propia de la promesa se esfumaría para convertirse en pura añagaza y mala intención.

Así, por tanto, solo se promete lo que se tiene intención de cumplir en los términos expresados y en plazo previsto. Pero claro, las cosas de los humanos tienen casi mas que ver con sus circunstancias que consigo mismos.

Acabamos de pasar una época electoral que ha dado en una situación política inversa a la que imperaba en la práctica mayoría de los territorios donde se ha votado y esos cambios, en algunos casos presuntamente radicales tienen que ver con los mensajes que las diferentes formaciones han hecho durante la etapa electoral, es decir con las promesas electorales. Veremos a ver donde dan estas nuevas circunstancias, porque al margen de todo en muchos casos debería de poner en la cartilla aquello que decía la de la mili: “Valor: Se le supone” Muchos de los nuevos políticos en activo que están tomando posesión de sus cargos son nuevos en la plaza y está por ver como les cae el traje de luces y que maneras aportan. De momento algunos ya enseñan el forro. Alguien que espera ejercer un cargo público debe guardarse de si mismo y no decir barbaridades, y con pedir perdón no se soluciona el tema, así estarían las cárceles vacías y las calles llenas de arrepentidos preparados para delinquir de nuevo.

Ahora se empezará a comprobar el grado de cumplimiento de lo prometido en el periodo electoral y ese grado lo comprobaran precisamente los que por no haber alcanzado el objetivo de gobernar quedan absueltos de sus promesas. Curioso. Como no he ganado, no puedo cumplir. El caso es que las promesas electorales se hacen en función de la estrategia de un programa de gobierno y el calor de los mítines. Recordemos aquella promesa de Zapatero al Parlamento catalán que tanto está de actualidad. Por ello, cuando llega el tío Paco con la rebaja, comienzan las excusas, que por cierto, como recordaba mi admirado y querido amigo el gran Director de Cine Roberto Bodegas: “Lástima que no se puedan fotografiar”.

Cada vez parece mas claro que del corazón al deseo hay mas de un paso. Junio