Los detritus sociales

La gente sabe que todos los seres vivos eliminan los elementos ingeridos que no consiguen aprovechar en sus diferentes sistema de, llamémosle, digestión. Recuerdo una frase algo bestia que oí de pequeño: Como come el mulo caga el culo. Es parte de la existencia el alimentarse y digerir, parte de la vida y como saben lo médicos y las multinacionales farmacéuticas, tan trascendente es una cosa como la otra, si no que se lo digan a los que anuncian productos para ambas cosas. Es muy importante lo que se come y tanto lograr desprenderse de lo que sobra.La sociedad civil es otro organismo más que por estar formado con la misma animalidad, se comporta así de manera similar.

Desde muy pronto, al igual que los animales, los seres humanos aprendieron a no cagar donde comían, aunque parece que algunos lo olvidan aún. En cuanto fueron suficientes reunidos se establecieron las normas y las formas convenientes. Las construcciones romanas se comenzaban desde la red de alcantarillado que empezó a propiciar hacerlo dentro de casa y echarlo fuera de manera eficaz. Aunque no todos lo aprendieron. En mi casa de Toledo aún se puede distinguir en uno de los muros una hornacina y un asiento con agujero que desembocando en la calzada servía para gritar aquello de ¡Agua va! En referencia al cubo de agua que se llevaba lo evacuado. Y en esa época, Toledo tenía unos cuantos miles de seres humanos que transitaban por sus calles.

Pero los seres humanos en sociedad no solo producimos esos residuos. La sociedad moderna como simbiosis en precario busca la mayor eficacia en la mejor apariencia, por eso se dedica a recomponer lo que tiene arreglo y coste asumible y a abandonar aquello que le supera. Por las alcantarillas de la sociedad civil navegan asuntos irresolubles entre seres humanos que no han conseguido ponerse de acuerdo en que hacer y asumir su coste. Las diferencias en sociedad no siempre encuentran el cauce adecuado para poder debatirse, y buscar los arreglos imprescindibles. De hecho, como se puede observar fácilmente, a pesar de los milenios de vida en común, producimos más conflictos que acuerdos y como andamos tan ocupados en mantener nuestra zona de confort, nos cuesta asomarnos a las cosas que habiéndose tirado por el wáter, nos encontramos de nuevo a la vuelta de cada esquina para recordarnos nuestra enorme ineficacia, nuestro egoísmo irredento y nuestra quimérica ingenuidad.
Recuerdo los contenidos de una signatura de la carrera que se llamaba Conflicto social y conducta desviada. Siempre me pareció poco afortunado el descriptor de la materia, porque ¿Que era, que es conducta desviada? Lo del conflicto social estaba claro pero lo de conducta desviada dejaba ver los entresijos de cierta visión sesgada de la conducta humana al poder enunciar una correcta y por consiguiente otra desviada.

Nosotros ya no vemos por las aceras las cagadas de los otros como les pasaba a los transeúntes toledanos del Medioevo, pero en muchos bancos de nuestras ciudades duermen como pueden parte de nuestro problema social sin solucionar, envueltos en cartones, negocian como pueden sus probables patologías duales. La gente común da un rodeo para no pasar cerca por si hieden, mientras los políticos cerriles como La chulapona Esperanza Aguirre, preferiría construir cloacas también para ellos, así: ojos que no ven, corazón que no siente. Aunque me temo que el de la citada y posible futura alcaldesa de Madrid, no siente ni debajo del agua.

Abril parece haberse despedido en el podio de la abundancia y mayo ya sestea. Mayo.