La verdad está en los discos

La gente sabe que lo que la gente hace esta indubitadamente unido a como la gente es, o sea: A como vive la gente. Porque como decía Juan Belmonte: “Se torea como se es” De ahí aquello de “Dime con quien andas y te diré quien eres”. Pero la gente que es muy lista sabe que de esas máximas pocas se cumplen siempre y con todos. Es cierto que en la mayoría de los casos esas convenciones sirven y es verdad que muchos creadores, políticos, o cualquier otra clase de hombres públicos crean porque son como son y viven como viven. Y cuando no es así, se cuidan muy mucho de parecerlo.

Pero el hombre es débil y complejo y muchas veces esas gentes hacen de su vida su oficio y se transforman poco a poco en su personaje. Se visten, se cortan el pelo  conducen los coches que ayudan al prójimo a identificarles con lo que son, si son poetas llevarán cara de despistados, no irá a su favor el que sean agraciados y su pelo largo y mal cortado y sus raídas ropas, ayudaban en el XIX y no tan largo a que las gentes les identificarán como tales. Y así sucesivamente. Si en los primeros ochenta no conducías un 2Cv roto y llevabas el periódico El País bajo el brazo no eras un auténtico progre. La barba también ayudaba mucho. Es verdad también que muchas veces la construcción de su propio personaje se diseña fuera de la propia persona y esta, de pronto, se puede encontrar encerrada en su propia inercia representativa y se adentra en un laberinto psicológico de difícil solución.

En general, por tanto, personaje y persona van de la mano. Aunque no siempre. La gente se encuentra cómoda si la vida y la obra de su personaje favorito concuerdan lo mas exactamente posible. Ayuda a ello a juntarse uno con quien debe aunque no fueran los que uno quiera. Hablar, vestir, y hacer, si van de la mano se identifican bien. Por eso muchos grandes personajes de la historia parece que llevan su vida anunciada. Marilyn fue ella desde su infancia, Janis Joplin igual, Jim Morrison también y Emy Winhouse también, Elvis sin sus trajes blancos y su casa no hubiera sido como fue. Jon Lennon adecuó su imagen a su canción Imagine, o El propio y admirado Leonard Cohen no sería igual si se vistiera de gentil. En fin…

Pero insisto: No siempre es así. A veces, los grandes-grandes se fuman esas convicciones y viven como les da la gana. Karl Marx tuvo un hijo con una criada al estilo de los tópicos señoritos andaluces de su época, representantes de la mas rancia oligarquía. Picasso que decir, vivió en un castillo sin tirar a la basura su carnet del Partido Comunista. Velázquez quería que le dieran título nobiliario y el propio Cervantes luchó para ser funcionario.

No. Muchos, entre los que me cuento, creemos con mi admirado Diego A. Manrique que la verdad está en los discos. Frase que le copio de un artículo cercano sobre la vida y obra de Billie Hollyday. Porque periódicamente sale la curiosidad de la gente por saber cuanta pasta tenía el padre de Fidel Castro o si Miguel Hernández fue cabrero o hijo del mas grande tratante de ese ganado en Alicante. A la gente le da morbo esas cosas porque en vida, le cuesta aproximarse y entender a quien vive de una manera y crea, aparentemente de otra. Cuanto mas complejo es el personaje mas difícil es de que tenga muchos Fans.

Pero creo que de verdad la verdad está en los discos. Importa un pepino la filiación política, la inclinación sexual o lo que sea. Déjenme leer el libro, ver la película o escuchar el disco y les diré en donde está la verdad. Lo demás son convencionalismos, con los que muchos, se han hecho y se siguen haciendo ricos. Allá ellos.

Existen métodos y catálogos de cómo caer bien al vecino o como sonreír a la vida que es ciega. Abril.