Podemos como dilema

La gente sabe que significa que las cosas huelan. Significa que algo se ha mareado tanto, se le han estudiado la cara y los forros con tanto detenimiento y pulcritud que cuando sale de nuevo a la palestra, huele a viejo, usado, manido, manoseado. La gente, esa que se ve protagonista en los mítines, suele ser bastante operativa. No suele marear la perdiz y por ello saca las cosas de su entorno contemplativo al operativo con diligencia. A pesar de ello y en algunos casos parece irremisible la presencia en el criterio de temas renuentes a pasar y dejar hueco a otros. La verdad es que aquellos casos que pueden dejar de estar en la moda, dejan de estarlo. Otros, sin embargo, no tienen remedio y se instalan en la actualidad de manera empecinada. A veces, incluso, como sucede con el tema que nos atañe, con vocación de permanencia y proyección de futuro.

Uno, probablemente por la combinación de trabajo entre cantautor y sociólogo, entre la tarea de identificar las grietas de la sociedad civil y las personas que la conforman para hacer canciones con conciencia y la otra, la científica, la de señalar y analizar los movimientos sociales para intentar comprenderlos. En los últimos tiempos, en bares, casas, el metro o el aula, en cuanto la gente puede, la gente pregunta: ¿Y cómo ves tu esto de Podemos?
El problema es analizar lo que sucede. Los sociólogos solemos analizar lo sucedido para sacar inferencias de lo que puede suceder. Algo parecido a una teoría forense de la que ya hemos hablado alguna vez. Esta excusa-premisa, me sirve para justificar la falta de análisis severo y suelo contestar explayando mi ignorancia. Es cierto que es difícil hacer juicios sobre lo que está por suceder. Podemos es un proyecto que debe ponerse en pie con permiso de la masa social de votantes de este país y hasta que eso suceda, será difícil por no decir imposible hablar de Podemos. Se puede intentar analizar la estrategia de la formación, sus hechos y su programa político, pero siendo, como es, un proyecto de ejercicio del poder político representativo, hasta que no lo emprenda, no se podrá estudiar. Hablamos de intenciones. Hay quien cree que podremos escarmentar en cabeza ajena estando atentos al ejercicio de Syriza en Grecia, pero ni Syriza es Podemos, ni Grecia es España.

¿Quiere eso decir que no podemos darle datos a la gente para que pueda interpretar en provecho propio los mensajes y la estrategia de Podemos?

A la gente le cuesta interpretar el mensaje político porque está desacostumbrada. Hace tiempo que la casta le inculcó la idea de que no necesita leer y ponderar el programa político de los dos grandes partidos porque mal que bien, unos u otros trabajan para lo mismo: La estabilidad. Además, con identificarse con el cabeza de lista, su imagen, carisma, discurso y propuesta personal, es suficiente. El sol saldrá por donde salga pero en cualquier caso, por donde debe. El problema es que asegurando esa relación de confianza antes que de compromiso, no solo se consolidan los buenos políticos, también los malos y los corruptores que pululan por el espacio del poder medran.

La gente se ve solicitada en el centro del mensaje de Podemos, esa frase de Iglesias: “Podemos sois vosotros” no es baladí. No hay otra alternativa a la casta que la gente. El asunto por tanto vuelve a oler, porque gira desde los tiempos de Platón: Quiénes son los que forman la democracia y cómo participan. Y, la verdad, es que aún no se vislumbra en el discurso de Podemos solución al respecto. De momento quédense con las intenciones, que no es poco. O también pueden pedir a Iglesias que les resuma la asignatura de “Historia de las ideas y las formas políticas” que deberá haber aprobado para licenciarse en Ciencias Políticas.

Todos los sueños convergen en la urgencia de dejar de ser uno mismo, aunque sea dormido. Enero