Fe y razón

La gente sabe que hay cosas que se tienen a la vez pero que no coincidirán en la vida. El tipejo bípedo es complejo y especialista en imposibles. Las sensaciones originan el pensamiento y según los neuropsicólogos de turno, a veces, lo sustituyen, creando lo que se denomina: lógica sentimental. El caso es que hay un espacio en el córtex cerebral, más bien en el frontal, donde se ubica la recepción neurológica. La banasta donde caen las sensaciones. La información que proporcionan los sentidos. Una vez allí. Los procesos de desciframiento competentes se encargan de transformar un olor en una decisión, un sabor en un recuerdo o una imagen un juicio. Todo desde los sentimientos, que vienen tras las sensaciones. Eso si, aseguran: No se puede ver nada. Casi todas estas magnitudes son invisibles y no se pueden, además, ponderar ni jerarquizar. Son como versos libres que terminan en pensamientos, como un proceso mucho más radical que una digestión. Se trata de la mayor transformación del mundo vivo y que produce algo tan distinto de la materia prima que lo ha producido que ha llevado a los científicos del mundo en toda nuestra historia a diferenciar entre fe y razón. Sentimiento y razonamiento. Pero estaban equivocados.

Como siguen estando equivocados los analistas que asesoran a los gobiernos europeos en el asunto del llamado terrorismo yihadista, extremismo radical islámico o como se quiera llamar esa guerra entablada entre las sociedades islamistas radicales y las sociedades occidentales. Es curioso pero tropiezan en la misma piedra que los antropólogos, principalmente británicos, del Siglo XIX, los primeros que estudiaron las sociedades primitivas en India, pero sobre todo en África. Y es que no hay nada peor que los clichés. Si acaso, su aplicación. Interpretaron como salvajes, comportamientos establecidos firmemente en la cultura de los pueblos que estudiaron, como la poligamia, el canibalismo e incluso las manifestaciones culturales como vestimentas, danza y música. Como no bebían té a las cinco, eran salvajes, quiere decir, gente sin cultura. Y eso significó la pérdida irreparable de millones de referencias culturales vitales que se perdieron para los científicos sociales del futuro.

Esa misma actitud se repite en Occidente ante la barbarie del islamismo radical y su manifestación del terror. Por eso, tras la matanza de París, por ejemplo, el Ministerio del Interior de España anuncia que la alerta terrorista sube del nivel 2 al 3. Patético. Más madera. Más represión en las sociedades islámicas de España y Francia, mayor fuerza policial registrando domicilios, deteniendo sospechosos y creando más y mejores razones para la Yihad, entre los desesperados. De los terroristas de París, se sabe que varios son franceses, seguramente nacidos y educados en Francia, pero no franceses de a pie. Son franceses de otra manera, gente que cree en otras cosas diferentes a las que cree la mayoría, gente a la que hay que entender. La represión solo supondrá mayor y mas extensa radicalización de los que están llegando.

Hubiera sido extraordinario leer que a la vez que se sube el nivel de la amenaza se dedicaran medios científicos a estudiar el fenómeno, aquí, en Francia, en Yemen o donde sea que se pueda analizar. Los científicos sociales está arrumbados ante esta realidad y las sociedades civiles occidentales, sin intérpretes válidos, solo sienten temor y rechazo, lógico, pero insuficiente.

Hay que estudiar los comportamientos alejándonos de los clichés que solo sirven para rebajar sentido y ocultar realidades. Hay que estudiar el fenómeno en todos los ámbitos sociales y no pensar que cualquiera con chilaba, barba y Babouches es un terrorista en potencia. Hace falta entendimiento. Razón. Que acompañe a la Fe.

Silban vientos terrenales que enlazan oraciones y derivadas dobles por si rimaran. Enero