Se buscan mujeres

La gente sabe cómo y dónde buscar lo que precisa. Se ha ido acostumbrando desde que andaba a cuatro patas a necesitar de su otra naturaleza complementaria si pretendía trascender en este valle de lágrimas. La búsqueda de la hembra complementaria no ha cesado desde entonces aunque este título no se referencia a ninguna operación de dar vida a ningún pueblecito donde los solteros envejecen sin escuchar el llanto de una criatura.

La sociedad civil contemporánea tiene deudas milenarias contraídas con la condición femenina que solo en una pequeña parte ha logrado enjugar a través de la consideración histórica. En realidad a pesar de haberse responsabilizado de lograr generar generación tras generación una trascendencia humana, la verdad es que de su papel, se fueron desgajando responsabilidades sociales que apenas en algunas culturas enraizadas en la antigüedad como la de mi origen, la cultura vasca, apenas en el territorio doméstico se le ha permitido el protagonismo que merece.

Las sociedades matriarcales tienen en común la puesta en valor de aceptar la meritocracia de las sensaciones sobre la de la fuerza bruta. Lo que sucede es que esta es mucho más expeditiva que aquella. La preponderancia de lo femenino está presente en las cosmogonías clásicas e incluso, en las primitivas formas del cristianismo de los primeros siglos, aunque como estamos leyendo en estos días, es la Iglesia Anglicana la única que piensa en la ordenación arzobispal de mujeres. Hoy en julio de 2014. Ya los textos de los gnósticos ensalzaban la preponderancia de la naturaleza femenina en el conocimiento religioso. Los textos de Naag Hammadi lo vuelven a reafirmar y no digamos nada del arrianismo.

Se buscan mujeres para todo. Para ser Obispas en la Iglesia Anglicana, para ser ministras en el futuro gobierno socialista por cuotas, en los consejos de administración de las grandes empresas o para ser comisarias del gobierno de la Unión Europea y eso que la va a presidir un conservador convencido como Juncker. Las mujeres que según las estadísticas, al menos en España, son el 51% de la población, parecen más bien haber invertido los dígitos y en casi ningún lugar representan el 15%.

¿Dónde están las mujeres? Si uno se da una vuelta por la Universidad española, rápidamente conviene en aceptar que, como en el caso de quien esto escribe, hace bastantes años que las mejores notas se las llevan las chicas. Es verdad que en determinadas materias más que en otras, o mejor dicho, en determinadas materias se visualizan mejor, pero el caso es que esa primacía que desde la enseñanza se dibuja, al llegar al universo profesional, se desdibuja y si lo visualizamos desde el laboral, apenas se distinguen en puestos de relevancia.

Y la deuda sigue aumentando. Esta sociedad postmoderna parece incapaz, también en esto, de lograr desviar el rumbo de la historia y el peso de las convenciones, y cuando lo hace, lo escenifica, por ejemplo, a través del chantaje del fantasma de la procreación. Ninguna mujer que pretenda medrar en su trabajo se propone ser madre antes de los 40 años. Hoy, la reproducción asistida mayoritaria es por esta causa y no por las antiguas de la enfermedad o igual sexo.

Todo el mundo busca mujeres para engrandecer sus planteles, al menos con la boca chiquita, porque la realidad es que luego llegan las rebajas y se las vuelve a requerir para lo mismo. Y mientras la sociedad civil no se de por enterada y recapacite no podremos visualizar convenientemente nuestra necesidad y seguirán faltando mujeres. Justo, donde más falta hacen.

No quedan precipicios con las etiquetas míticas de las miradas ajusticiadas. Julio