España Fútbol Club

La gente sabe que hay cosas de las que saben todos. A cualquiera que le preguntes, se sabe lo que se debería hacer o debiera haberse hecho. Generalmente se trata de cosas en las que la gente se ve inmiscuida personalmente en la vida diaria aunque hay cosas que no se atienen a ese canon y a pesar de la lejanía aparente de la gente de a pie del asunto, del desconocimiento de los intríngulis que rodean la cosa, la gente, a poco que se lo sugieras, te desarrolla una buena teoría al respecto con un buen listado de recomendaciones y objetivos.

Una de esas cosas de las que todo el mundo sabe es de fútbol. Y no es porque haya mucha gente que lo juegue, tenga parientes en los vestuarios de los equipos, amigos en las directivas o informadores verosímiles. No. Sabe de fútbol, porque ese espectáculo al que dio origen un juego y una competición deportiva, forma parte de su vida cotidiana: Le guste, además, el asunto o le traiga al pairo. La gente conoce los chismes, las estrategias, las interioridades y hasta los deseos de los jugadores. Por eso es sencillo escuchar con aplomo como alguien entre mordisco y mordisco al bocata de sardinas a media mañana, desarrolla una estrategia a seguir sobre los deseos de tal o cual jugador. Pero no es raro. Las cosas del fútbol que se ha convertido en una nueva enciclopedia global, son transparentes, o mejor dicho, terminan por serlo, simplemente porque despertando el interés que despiertan, atraen las miradas de medios de comunicación y redes sociales, de forma que cualquiera con un smart phone, que se conecte a un buen blog, podrá conocer la talla de sujetador de la novia de su jugador favorito, aunque bien pensado, el ejemplo está mal puesto porque por lo general, esas chicas una talla bastante parecida, por lo que se ve.

Los países se dopan con la competición futbolera en estas fechas según y como les haya ido en la cita de Mundial de Futbol de Brasil. Y Como nos sucede a los sociólogos, tantas veces tenemos la sensación de ver la película repetida, que nos cuesta un esfuerzo volver por los mismos pasos para volver a analizar la misma situación con los mismos resultados. Así, un penalti mal pitado, una falta no sancionada, un disparo a puerta parado por el portero, o un palo de portería mal avenido, se pueden convertir en causa de procesos de cambio social evidentes, que no necesitamos de sofisticadas técnicas de investigación social para estudiarlos. Basta con darse un paseo y observar los balcones de los que cuelga alguna, pocas, muchas o abrumador número de banderas del país.

La gente del fútbol. Técnicos, jugadores, comunicadores, etc. se cansan de intentar diferenciar la afición a unos colores de un Club y a la camiseta nacional que escucha el himno de todos. Ellos insisten en que una selección nunca puede importar los esquemas y modelos de comportamiento de un club, y sin embargo, los que hemos visto a los jugadores brasileños cantar su himno, o a los holandeses el suyo y al lado, hemos visto a los nuestros escuchar el himno de caballería ralentizado que es el nuestro, nos hemos dado cuenta que los técnicos tenían razón: Los nuestros eran una selección y que nosotros teníamos razón: Que los otros eran un club.

La gente de este país se ha visto obligada a no sacar las banderas a los balcones porque se lo veía venir, se les notaba en las caras a los jugadores y al seleccionador, por eso ni en el primer partido contra Holanda, ni en el segundo contra Chile salieron las banderas a los balcones. Se dirá que nuestro tradicional sentimiento trágico de la vida nos ha vuelto a envolver, pero es mucho mas sencillo, lo digo yo que no tengo ni idea: necesitamos una España Futbol Club. Porque con la selección no vamos a ningún sitio. Como siempre: Pocos y mal avenidos.

 

Los símbolos se esconden en la fresquera a la espera de otra nublo. Junio