Siempre que ocurre igual sucede lo mismo

La gente sabe que necesita saber lo que ha ocurrido porque no solo de esa manera se acuerda de lo que fue y no fue, sino que de esa realidad se derivan las experiencias necesarias para dilucidar la conducta presente. Dice el manoseado dicho que quien no tiene en cuenta el pasado esta obligado a repetirlo. Como si hacerlo fuera terrible y estoy seguro, y me cuento entre ellos, que a mucha gente le encantaría poder repetir el pasado desde esta perspectiva. Saber lo que paso nos acerca a un mecanismo de discernimiento clave en la inteligencia humana que es el revisionismo intelectual. La capacidad de poder revisar lo que fue habiendo tomado la distancia precisa para poder tener algo de perspectiva. Una de las carencias mas dañinas a la hora de expresar el criterio. Revisamos desde la distancia temporal. Histórica. Pero también desde la distancia moral y de conciencia.

Ya sabemos que las cosas son como debían ser, como intentaron ser, como al final fueron y como las recordamos y en este paso no hay límite. No es lo mismo revisar algún sucedido de nuestra propia vida que hacerlo desde el análisis histórico y por tanto desde el análisis documental. Ya sabemos que hay tantas historias de lo mismo como ojos que lo hayan mirado y mentes que lo hayan interpretado. Nada es lo que parece porque cuando lo vemos es pura expresión. Manifestación de la intención que la ha provocado Y la vemos como parece ser.

La gente se pasa la vida intentando averiguar lo que puede suceder. Sabe que adelantarse a los acontecimientos es vital para provocar el éxito de su empresa. Por eso desde lo mas remoto de la antigüedad, los poderosos pagaban mejor un augur, un adivino, que un General. Este podría fracasar, a pesar de su alto conocimiento, de poderse saber con anterioridad si habría sol o pedrisco. La gente, que sabe de que manera la vida llega a repetirse, acude a la estadística parda para aventurar al futuro, aunque, curiosamente, a la vez busca desmentir la insistencia porque, supongo, no acaba de creérselo. Esto tampoco.

Puede que el origen de las apuestas venga de ahí. Del valor otorgado a la repetición de los acontecimientos y la capacidad que tienen estos de desmentirse sin rubor en cualquier instante. Por eso, la gente deposita su confianza mas certera en que las cosas se sucedan como lo han venido haciendo hasta el momento aunque sabe la capacidad que estas tienen de sorprenderse a si mismas. No en vano, nada está escrito y ni siquiera los astros tras tantos milenios de observación parecen ser cada año los mismos. Aparecen y desaparecen en los algoritmos matemáticos en los que habitan y engordan o adelgazan sus listas de lunas y asteroides sin fin.

Las sensaciones que nos quedan tras la lectura de los periódicos y la atención a los telediarios es que siempre que ocurre igual sucede lo mismo. Cada vez que un político se siente asentado comienza a hacerse la vida mas fácil y amena y desatiende la pulcritud de uso que le llevó al cargo. La poltrona es en realidad un sillón Bol. Uno de esos artefactos que masajean y mecen al que se sienta en ellos dificultando su abandono por la barriga creciente. Hay pocas cosas deprimentes que nos queden en el vocabulario para denigrar la función pública que no hayan sido ya usadas y manoseadas pero lo único que de verdad sigue sorprendiendo es precisamente eso, que siempre que ocurre igual sucede lo mismo y los escándalos financieros se agolpan uno tras otro sin capacidad para otra cosa. Nos queda eso si, la exigua satisfacción de la conciencia. Nos damos cuenta. Al menos, lo sabemos.

Los apuntes contables también tienen su carnaval y su cuaresma, pero en rojo. Mayo