De Paco de Lucía

Moisés de León no era partidario de practicar el éxtasis: Eso es una sensibilidad que se tiene o no se tiene, como la capacidad musical. Cualquier hombre puede tenerla: ¿Quiénes son los escogidos y los malditos y por qué?

Abraham Abulafía

La gente sabe reconocer el don. Esa sensación que simula aparecer sobre la cabeza de los tocados. Los que han recibido un regalo de no se sabe donde que se marida con su existencia terrenal y logra construir un fenómeno, en algunos casos, bastantes, aún a su pesar. El caso de Paco de Lucía.

El hijo de Lucía y Antonio Sánchez se sabe que fue alcanzado por ese don que se reconoce casi desde que el tocado logra abrir los ojos. Su padre lo sabía, no en vano se había pasado la vida en los tablaos del mejor flamenco ganándosela con algunas letrillas y menesteres varios. Lógicamente eligió la escuela del flamenco para sus hijos a los que con seguridad veía en su estela y con la facilidad de poderse ganar la vida por su intermediación. Siempre estuvo cerca, más bien encima, de todos ellos, insistiendo en su formación como flamencos profesionales. De todos ellos requirió la disciplina, pero con ninguno se empecinó hasta el límite mismo de la dignidad de padre como con Paco. El letrista reconoció de inmediato que su hijo estaba tocado por la providencia con un don excepcional que sin embargo necesitaba desarrollarse. Por eso no le dio ninguna oportunidad. Le encerró en pijama, en un cuarto con una silla de enea y la guitarra. De aquellas horas interminables se acordó Paco toda su vida. De ellas, seguramente le vino lo mejor de su vida junto a los miedos y reproches de toda ella. Pero el caso es irrelevante para el flamenco y más para el aficionado. El alma del artista y la vida que desarrolla solo alimenta las concepciones superficiales de su creación y los titulares como epitafios globales tras su muerte.

“La música es probablemente la manifestación artística con mayor carácter evocador, nada hace soñar mejor que la música, su nivel expresivo es directamente proporcional a su capacidad abstracta. Una melodía nos transportará adonde la oímos, con quien la oímos y nos hará recordar con exactitud lo que pasó. Si es la primera vez que la escuchamos, su melodía, armonía, color, timbre, tiempo y ritmo, serán puertas por las que nos hará llegar a sensaciones insospechadas y seguramente tan dispares como las personas que las escuchen”. Escribí hace años. Y lo repito aquí porque creo que es exactamente lo que significaba Paco de Lucía para los músicos como yo, amantes del flamenco. Una puerta insospechada por la que se coló el futuro de esa expresión tan vieja y excepcional. Cualquier cosa que se hubiera escuchado hasta la aparición y desarrollo de Paco de Lucía había consistido en un continuo en el que las apariciones de jóvenes talentos habían hecho progresar la disciplina en mayor o menor medida. Hasta que apareció Paco. Es verdad que junto a Camarón. Y entonces el genio conjunto nos enseñó como las tradiciones sirven para desarrollar a quienes deben romper con ellas. Porque hay cosas que no tienen más desarrollo que la ruptura aunque parezca que suenan casi igual. Los pedazos se quedan temblando y todos los duendes que ha habido se quedan estupefactos ante el genio patente.

No hay consuelo para los genios y Paco lo era. Aunque afortunadamente seguirá siéndolo. No solo en nuestra memoria musical sino en cada tarde en que le volvamos a oír en ausencia. La cuestión es que seguiremos sin poder alcanzar el ángel capaz de entender ese éxtasis. Porque somos mortales. Incluso él.

No se decide el agua para escoger la ausencia pero se la oye a compás. Febrero