El hombre destructor vs El cazador creador I

Toda población salvaje en la que la presencia del hombre sea una realidad está condicionada definitiva e irremisiblemente por la presencia de éste. El hombre es el único animal de la fauna global que ha seguido la pauta contraria al resto de animales. Mientras estos han seguido un camino evolutivo acoplándose a las expectativas vitales dependientes de las condiciones que el medio les brinda, el bípedo mortal se ha dedicado a acoplar el medio a su naturaleza transformándolo sin freno ni medida. Ya se sabe que la mayor parte de las desgracias medioambientales de carácter global son obra humana, pocas de ellas del hombre cazador. Hablamos del hombre cazador refiriéndonos única y exclusivamente a lo que entendemos como cazador deportivo, en absoluto al profesional que casi se carga la población de bisonte americano, animal pacífico donde los haya o a la del tigre de bengala, ni mucho menos al furtivo. Aquel que ametralla las manadas de elefantes en Sudán del Sur de manera terriblemente salvaje, indiscriminada y espuria. Veamos las cifras: Primero del hombre destructor:

Que sepamos tres especies de flora y fauna desaparecen cada hora: culpable el hombre. Otras especies desaparecen sin que aún se hayan descubierto. En España 1/3 de Los animales está en peligro de extinción. El Mundo ve disminuir su biodiversidad a pasos de gigante.

Al parecer siguiendo como hasta ahora, en esta marcha que llevamos causaremos pronto la extinción de 16.000 especies animales y 60.000 vegetales. ¿No es terrorífico?

Según Michel Loreau, presidente del comité científico de la conferencia ministros de medio ambiente en París, sobre el calentamiento de la tierra, los mamíferos padecen una tasa de extinción 100 veces superior a la que había cuando apareció el hombre en la tierra, pero las proyecciones nos llevan a creer que en poco tiempo, de seguir tal cual, estaremos en una tasa de extinción de 1.000 a 10.000 veces superior, solo teniendo en cuenta la deforestación y la reducción del tamaño de los hábitats. Todo ello sin tener en cuenta los efectos que el cambio climático pueda tener en la biodiversidad que solo en el bosque tropical puede suponer la desaparición de entre el 15% y el 40% de las especies. Además de otros fenómenos como la sobreexplotación de los recursos, la contaminación, la introducción de especies ajenas en los ecosistemas, etc.

Suicidios colectivos

Asoma de pronto la noticia entre las páginas de un periódico y tiñe de sangre y dolor todo lo que le rodea. Ésta vez era en las playas de Gran Canaria según contaba en el relato y se podía comprobar en la fotografía: Un buen número de ballenas se fueron acercando a la línea de la arena, tomaron impulso y nadaron con todas las fuerzas que les quedaba hasta quedar definitivamente varadas en la playa y morir lenta. Irremisiblemente.

La sensación que dan es que no pueden soportar por mas tiempo las condiciones ambientales y como los amantes despechados de las tragedias griegas sienten la necesidad de envenenarse ante la amada despreciativa para cargar en ella la culpa de su desamor y la imagen de ver morir por uno a quien nos ama. ¡Sabemos tan poco del mar!

Durante años nos hemos preguntado con horror cuál podría ser la causa que forzara la espantosa huida. Que puede provocar tamaña sangría. De que pavoroso espectro son capaces de huir animales tan poderosos, sensibles e inteligentes como los delfines, orcas, focas o ballenas y demás prodigios animales. Hoy lo sabemos.

Sabemos que cuando los antecesores de los actuales mamíferos marinos huyeron de la tierra para refugiarse en el mar, se adaptaron con dificultades enormes y tuvieron que prescindir de sentidos que habían perdido su primigenia función, como la vista, o el olfato y contrariamente desarrollaron de manera extraordinaria el del oído, como principal soporte existencial. Con él, han sobrevivido millones de años en el mar. Hasta que llegó el hombre y violentó la sensibilidad de su entorno, convirtiendo las catedrales silenciosas de los abismos en estruendosas cámaras acústicas abarrotadas de sonidos imposibles de soportar como los sónares militares e industriales y los ecos del tráfico marino de gigantescos petroleros.

Las ballenas de la noticia de las Islas Canarias tenían todas ellas hemorragias irreversibles que comenzaron en el tímpano y terminaron por inundar el cerebro. Provocadas por un guirigay asesino del progreso. Propongo que nos manifestemos delante del Pentágono en USA con pancartas. Una que diga “Basta de muertes de inocentes” y otra: “Fin de las licencias de tráfico marítimo”. E incluso una tercera que proclame: “Fin de la investigación científica marina”.

La desgracia solo se ve en la mirada del hombre. Febrero