Megaslums (o fontaneros sin fronteras)

La gente sabe qué se quiere decir cuando por cualquier calle de La Habana se oye la frase despreciativa más escatológica que el diccionario popular de los agravios haya recopilado: ¡Come mierda! No se puede imaginar destino más mísero que el que te pueda condenar a comer lo que defecas. Ya sé que a estas alturas muchos lectores habrán apartado su atención de estas líneas, pero debo rogarles que permanezcan atentos al relato, porque merece la pena.

Los habitantes del llamado primer mundo estamos menos habituados que los habitantes de los denominados Países en Desarrollo o lo que es lo mismo: Subdesarrollados a la contemplación cotidiana de estas Megaslums o dicho de otro modo: Áreas Urbanas Hiperdesarrolladas. O lo que es igual: El Tigre, venezolano. Las Favelas brasileiras. Las Villas Miseria argentinas, etc. Etc. Los territorios donde las ciudades se desdibujan y en un continiuum de empobrecimiento van perdiendo su condición hasta perderla del todo. El territorio de los auténticos comemierda.

Los datos aportados por Robert Neuwirth y Mike Davis en su libro Planeta de Ciudades Miseria, son escalofriantes: Un tercio de la población urbana total del mundo vive en estas áreas, pero se transforma en un 78,2% de la población urbana de los países menos desarrollados. Pensemos que en 2.050 se espera que la población urbana mundial sea el 70% de la total. Esas áreas que puedan hoy sobrepasar las 250.000 en todo el orbe.

La población de las áreas hiper desarrolladas alcanza el 99,4% de la población urbana de Etiopía, igual de Chad y parecido de Afganistán, etc. Es decir en esas sociedades o estás en el campo o en la mierda. Salvo que pertenezcas a ese exiguo 0,6% que se pueda permitir tirar de la cadena. Porque de eso se trata. Mantenemos la creencia general que el progreso de la población en el mundo y el progresivo retraso de la hora de la muerte nos ha llegado gracias a los avances en medicina y farmacología, pero como señala el sociólogo César Rendueles en su libro Sociofobia. Los avances trascendentales vinieron de la mano del desarrollo de los sistemas de saneamiento. De las cisternas y alcantarillas. Ese asunto del que se ocuparon con interés supino los romanos en casi cada asentamiento que inauguraron y al que hoy, asómbrense, no tienen acceso 2.500.000.000 de personas que viven literalmente comiéndose su mierda ya que se calcula que cada uno de los habitantes de esas áreas ingiere 10g de materia fecal al día. Y no hablamos solo del chabolismo. La capital Kinshasa de 10.000.000 de habitantes no tiene aún ningún sistema de gestión de residuos.

No sé si existe pero en todo caso deberíamos abogar por la constitución de una ONG denominada Fontaneros sin Fronteras. Para que literalmente, no nos coma nuestro detritus.

El ser humano, solidario y concienciado, se enrola en empresas sin ánimo de lucro y asistenciales cada vez con mayor interés y menor escrúpulo. Es un movimiento bien diferente de aquella moral de, siente un pobre en su mesa, del nacional catolicismo franquista y es de agradecer. Conozco un montón de médicos que se reservan vacaciones para operar en el seno de ONG por todo el mundo donde es preciso que, como hemos visto, es casi en todo el mundo, pero creo que si sumáramos esa preocupación por las letrinas encauzaríamos mucha mierda. Que nos sobra y a veces amenaza con comernos. Aunque ya no oigamos el: ¡Agua va!

Las buenas intenciones se pisotean como las uvas. Con los pies descalzos. Enero