La izquierda perdió su jocker

La gente sabe que la gente, a veces, se empeña en hablar de cosas extemporáneas o directamente inapropiadas. Lo sintetizó magistral e intuitivamente, e incluso, discúlpenme, ignorantemente, Jesús Gil cuando dijo sobre algo que era ostentóreo. Y es que, a veces, las palabras les faltan, no solo a las gentes cultivadas, sino también a las que haciéndose a sí mismas no le han dado mucha cancha a la educación formal. Pero a lo que íbamos: la gente a veces saca cuestiones a discusión que no son apropiadas, por diferentes razones e incluso por ausencia de estas. Hay asuntos, que como dice el refrán: “No vienen a cuento”. No están en el relato de lo que se está planteando y no tienen lugar. Son inoportunas.

Vivimos una época de pujanza política de derechas en España y habría que decir que cada vez más derechas, a la vista de algunas de las iniciativas últimas, algunas de las cuales ni siquiera se deberían poner en el platillo de la derecha conservadora, sino directamente en los cajones cerrados del franquismo más rancio, como es el tema de la nueva Ley del Aborto, donde como siempre pasa haciendo caso a la Biblia cuando dice eso de “por sus hechos los conoceréis” se le ha caído la careta al Sr. Ruiz Gallardón que durante estos últimos años jugó a que viéramos en el la cara supuestamente progresista del Partido Popular, con sus gestos personales hacia antiguos dirigentes socialistas, y ahora vemos su retrato de verdad. El de alguien que piensa que debemos vivir hacia atrás. Tanto que hasta sus correligionarios se le han echado encima.

Pues bien en estos tiempos de penuria progresista, no parece de muy buen tono arremangarse en una crítica a la izquierda. Esa entelequia dialéctica que aglutina y representa tantas cosas obsoletas como tantas otras inservibles. La izquierda hoy en España, es un alma en pena en busca de un cromo que le aporte telegenia y probabilidades. Hace mucho que perdió su comodín en la baraja, puede que desde que Walter Benjamín se suicidó en Port Bou. Y sin triunfos en la mano, el descarte es seguro.

Ser de izquierdas hoy es apostar por un galimatías a explicar. Las formaciones políticas de izquierda han renunciado en los últimos cincuenta años a tantos símbolos fundacionales que han terminado por extraviar la baraja. Del “yo menos” hemos pasado al “Y tu más” y la dirigencia se afana en contener escándalo tras escándalo siempre en el universo materialista, siempre con dinero por medio, comisiones, prevaricaciones, apaños, etc. Mientras, nadie bucea en la condición del significado hoy. Puede que sea porque hacerlo significaría no ya una refundación de los partidos políticos que se denominan de izquierda sino porque esta resultaría imposible.

La izquierda hoy sueña por un costado mientras sonríe al contrario y como avisaba Benjamín, la materialidad de la vida ordinaria termina por enterrar las ideas bajo montañas de cosas. Sean ganadas, coleccionadas o regaladas. Al fin: cosas.

Es un asunto ostentóreo explicar hoy que es ser de izquierdas, porque a cada magnitud a que nos referimos tiene significados involucrados en otros conceptos que o bien remiten a la izquierda arcaica pre comunista o resuenan como sonidos que llegan desde El mago de Oz.

El tiempo. La historia. Ha quitado los ases de la baraja de la izquierda por obsoletos. Inservibles. Pero la dialéctica no nos ha recompensado con ninguna sustitución válida. Llegaremos al momento en que no tendremos nada que explicar. Mientras, solo vale pensar.

Los marxistas salimos de la sopa para caer en la sartén, donde los suspiros se doran y las ideas se torran. Enero