La vida imita al cine

La gente sabe que de todas las frases que oye como paradigmas, algunas vienen de la sabiduría popular, es verdad, pero otras, tan solo resultan de otra concepción ingeniosa que se impone como lo puede hacer cualquier otro elemento de moda. Simplemente porque si. Hay cosas, como esta que suelen ponernos a los sociólogos los pelos de punta y ensalivarnos la testa. Nos pone de los nervios no poder clasificar los comportamientos sociales tanto como entender las pautas por las que la gente deja de hacer un uso o acepta otro sin que hayamos logrado detectarlo con anterioridad. Está claro que la nuestra es una Ciencia y por ello los que trabajamos en ella proponemos un quehacer científico. La mayor parte de las veces sin demasiado reconocimiento social y muchas otras sin demasiada estatura pero quehacer científico al fin y al cabo. Por eso y por la aplicabilidad de ese pensamiento científico, creemos que las cosas de los otros, todas ellas, son susceptibles de ser detectadas, analizadas, comentadas y divulgadas con precisión. Pero no. La vida nos da sorpresas. Como cantaba Ruben Blades.

Se dice que la vida imita al cine porque se podría suponer que es la contraria a la realidad. Que el cine imita la vida. Pero tampoco. Es la vida la que termina por aplicar las constantes de verosimilitud por encima de las condiciones de autenticidad al analizarse a si misma y eso le da credibilidad. La cosa deja de estar al lado de lo que es o no verdad para terminar siendo verosímil o no. Por eso y porque sin duda el cine usa nuestro mismo mecanismo de percepción de la realidad, que desde su comienzo, aceptamos su lenguaje y sus convenciones sin pestañear y nos tragamos lo que sucede en pantalla siempre que nos lo planteen como posibilidad cierta. Y por ello reímos y lloramos con lo que sale allí.

El cine se convirtió bien pronto en parte esencial de nuestra vida y comenzó a construirse como cultura a través de nosotros y de nuestros sentimientos. Necesitamos el cine porque ya es parte indisoluble de nuestra personalidad colectiva y de hecho, puede que incluso la clase culta cite mas veces a Humphrey Bogart o a Marilyn que a Hegel o Cioran. Estamos alfabetizados cinematográficamente y si viéramos cuanto de nuestro conocimiento atesorado viene aprehendido del cinematógrafo, seguro que nos sorprenderíamos. Es obvio que hay millones de personas que son capaces de explicar con detalle la ciudad de Nueva York sin haber estado jamás allí. Solo por las veces que la han recorrido en una aventura cinematográfica.

Pero el cine está mal y su relación con nosotros es cada vez peor. La recaudación de espectadores en las salas de proyección cinematográficas españolas ha descendido este año un 17,40%. Un burrada. Las salas se van quedando cada vez mas vacías y cada año se cierran mas salas. Parece una tendencia general. También en Francia según mis datos ha sucedido, aunque con menor virulencia. Ha bajado de los 203.000.000 de espectadores de 2012 a 195.000.000 de 2013, mientras que España ha descendido de los 94.000.000 de espectadores de 2012 a 80.000.000 de 2013. Pero eso si, mientras en Francia han bajado el IVA desde el 7% al 5,5% En España es el 21%. Casi cuatro veces. El Gobierno, por ello, ha recaudado este año pasado 88.000.000€, pero el cine español ha perdido en el mismo periodo 107.000.000€. ¿Ven por qué nos gustan los números a los sociólogos?

A este gobierno no le interesa la cultura, no entiende que es la educación y no le gusta el cine. A este paso seguiremos sorprendiéndonos al llegar a Nueva York y ver que es en colores y no en blanco y negro. Pero ya saben: “Siempre nos quedará París”.

 

Se llenan las aceras de fotogramas enfermos. Heridos y melancólicos. Sin diálogo que aprender . Enero