¡¡¡Vamos!!!

La gente sabe de máximas. Conoce los esfuerzos realizados por los que en la historia han mandado ejércitos, armado confesiones o construido Imperios por encontrar las frases que mejor pudieran transmitir los deseos. Aquellos que sentían y aquellos que pensaban que necesitaban sentir para realizar lo que se pretendía.

El universo, por ejemplo, de las estelas funerarias es tan antiguo, que muchas de ellas como las íberas o etruscas, aún están por traducir. Desde muy antiguo, el ser humano se ha empeñado en dejar escrito la frase que pudiera definir de la mejor y mayor manera al difunto. Puede que ninguna más genial que aquella de Groucho Marx: “Perdonen que no me levante”. Hay una literatura exhaustiva sobre los epitafios y el universo mortuorio, como hay otras sobre las consignas militares y no digamos nada de los modos religiosos. Cada época, como es natural, guarda las suyas acuñadas en su tiempo histórico y su cultura. Desde la famosa Alea Jacta est, hasta la vociferada por los tercios españoles en sus ataques de ¡A carne. A carne! Que aún hoy logra helarnos la sangre imaginando a aquellos tipos desdentados, escorbúticos, hambrientos, herrumbrados y paupérrimos matar sin límite.

Las frases que desnudan un sentimiento social y lo muestran tal cual es se han formulado en función de las constantes culturales vigentes. Algunas acuñadas desde la élite correspondiente, sin duda, como en el caso de las instancias religiosas, donde la jerarquía ha impuesto los slogans pertinentes, pero me atrevería a decir que en la mayoría de los casos, son o han sido, frases surgidas del vulgo. Ese magma ignoto que hoy llamamos Gente. Es la creatividad popular la que de momento y de forma improvisada acuña el ¡No nos moverán! guerracivilista o aquel con el que terminaban los comités del PC en el exilio: ¡El año que viene en Madrid! Aquel que nos llevó a prisión de: ¡España, mañana, será republicana! Y que aún emociona. El famoso ¡Basta ya! O el ¡A por ellos! Y aún me agita la memoria aquel terrible de ¡Eta Mátalos!

Todas esas máximas, slogans, o como quieran llamarlos o llamarlas son frases, razonamientos, conclusiones. El resultado de una depuración intelectual aunque sea ¡Aúpa Atleti! Se puede encontrar en su análisis la trazabilidad del pensamiento, el origen de los valores que le han acunado y el proceso lógico por el cual ha terminado siendo y significando lo que es y sobre ello, se han escrito artículos ensayísticos de enjundia desestructurándolos y volviéndoles a reconstruir. Ya se sabe que lo que no sea capaz de encontrar un semiólogo será que no existe.

A veces, sin embargo. Nos sorprende la presencia de modos lingüísticos de ánimo y excitación sin esa estructura elaborada gramaticalmente que nos permite averiguar el origen y desarrollo. Son simples palabras tan llenas de significado. Con tal capacidad de aplicación. Con tantos campos profesionales, personales y de ocio abiertos a su uso que van paradójicamente mucho más allá de lo que fueron las famosas frases.

¡Vamos! Nos hemos habituado a oír al deportista, al ejecutivo, al músico. A cualquiera que en una actitud más de comunicación intra personal que interpersonal o grupal, se da ánimos y desde el a los que le puedan oír, y con ello, logra incorporarles al objetivo personal convirtiendo este en uno general. Todos los que lo oyen en ese momento parece que se lo repitieran a sí mismos y de la misma forma. Con el mismo objetivo que han asumido como suyo. Aunque sean espectadores. Puede que sea la mejor invención de este país en materia propagandística en los últimos años y la futura estela de los tiempos por correr.

¡Cuánto empeño en observar el corazón como la maquinaria del reloj! Diciembre