Nunc por tunc

La gente sabe latín. Se expresa de esta forma cuando uno tiene la intuición que alguien sabe mucho o más que mucho. Muchísimo. Cuando alguien está al cabo de la calle en otra expresión popular afortunada. Cuando alguien está enterao. No por eso puede que sepa traducir el título de estas palabras aunque seguro que en un par de líneas más, lo descifrará.

El asunto viene a colación de las consecuencias previstas, adelantadas y prejuzgadas de la Diada catalana. Los resultados se terminan pareciendo sospechosamente a lo previsto e insisto: sospechosamente. Porque todo aquello que se parece a lo deseado tiende a no poder ser de otra forma aunque se tengan que retorcer los datos o interpretar las fórmulas.

La cadena independentista preparada se parece tanto a la deseada que uno empieza a pensar en brujas mediáticas y manejos poco claros de los fondos públicos, aunque a decir verdad, hace demasiado tiempo que nos hemos acostumbrado a ello por estos y otros lares con el mismo resultado de la exacta intención.

Que se desvele ahora que Mas y Rajoy se ven en secreto es como cuando se nos desvela un mal chiste. ¡A buenas horas mangas verdes! Diría la gente. Se revela la existencia de un diálogo de sordos que se parece demasiado a un guion de los hermanos Marx, eso sí, sin la gracia de aquellos. Que hablan ya lo suponemos. El asunto es si existe una posibilidad de que se entiendan porque en este caso más que en otros la realidad de que hablan lenguas distintas nos abruma. Estando de acuerdo que lo importante es establecer el diálogo, creo que lo trascendente es abrirlo si existe en el horizonte una posibilidad por remota que sea que dé frutos concretos y tengo la sensación que es una creencia abandonada por las dos partes en liza.

Se aboga ahora desde el último discurso de CiU por establecer para 2014 una consulta con “respeto al diálogo y la legalidad” y ambas cosas habrá que crearlas porque hoy por hoy no existen y la segunda es aún más improbable que la primera. Es verdad que existe en Catalunya un conjunto de razones socioeconómicas para que los ciudadanos catalanes se sientan insatisfechos aunque es sin duda el sentimiento nacionalista el que aboga esa sensación menos carente de la racionalidad de la que con razón histórica siempre han presumido. El seny se ve cada vez más con mayor dificultad al menos su versión clásica del talante posibilista por encima de todo. Se dice que hace años que Catalunya pretende ampliar su autogobierno aunque parece que lo que se pretende es inaugurar ese autogobierno, porque la resultante de ese sentimiento catastrofista de sentirse menospreciados tiene que ver con sentirse en un apartheid sentimental y por ello verse más como perseguidos que como perseguidores.

Sea como sea y con la aceptación por adelantado de que cada quien puede y debe buscar lo mejor para sí cuando cree que debe mejorarlo, una cosa y otra son diferentes. No es igual huir que perseguir y en ese balanceo perverso nos estamos jugando todos muchísimo así es que es hora de ponerse a la faena y empezar a arreglar las cosas nunc pro tunc, o sea ahora, aunque con efecto posterior. Este debe ser un diálogo político y por ello debe ser abordado con la urgencia y la trascendencia que contienen sus connotaciones sociales, se llamen cadena por la independencia o se llamen porcentajes de votos a los partidos que defienden una u otra postura.

El rostro que muestra el soberanismo catalán tiene muchos rasgos por descifrar y el asunto como todos los sentimientos sociales puede volverse impredecible para cualquiera de las opciones que se barajan. Cuando la gente se siente en el centro por una vez en su vida, como el agua, llega a cualquier lugar, cualquiera que llegue detrás se tendrá que mojar para llegar. Mientras los políticos dejan en el senado sus túnicas todo va bien, pero cuando las portan ante la gente, sacan los demonios ocultos en los vericuetos legales a pasear y cuando estos se enteran que hay aire puro, en cuanto pueden toman La Bastille.

Se siente un tufillo cicatero en las actitudes personales que llevan a los excesos verbales y el paroxismo de la interpretación histórica interesada. Diálogo que supere inmovilismos movilizados y fije fechas futuras. Pongamos seny al asunto y arreglemos hoy aunque sea con efecto posterior lo que sin duda se siente que puede tener arreglo. Lo que tanta gente ya duda.

Las preguntas plantean dudas que asuelan respuestas. Septiembre