El Próximo Oriente

La gente sabe la razón y el origen de algunos de los nombres y por eso quien lea este título se equivocará. O mejor dicho; también se equivocará además de acertar. Parece un jeroglífico pero lo aclararé: Cuando la gente lee esta expresión de Oriente Próximo se atiene al origen del término que se debe a razones geográficas con el centro del mundo, o sea Roma. Próximo en la distancia geográfica y en tiempos remotos en los lazos culturales, lingüísticos y religiosos. Parte de la historia de la cultura occidental se escribió allí y de allí son una enorme cantidad de santos que enorgullecen la memoria de la cristiandad, de allí llegaron los primeros a las costas españolas para fundar sus primeras ciudades de verdad y para empezar a llevarse las cosas ricas de aquí, el aceite, el vino, el jamón y las bailarinas de Cádiz, más tarde allí mismo, entre el faro y la caleta se fabricó para todo el Imperio Romano el sacrosanto Garum. Aquella salsa hecha a partir de pescados podridos por la que se pirriaban en el Coliseo y que ahora amenazan con resucitar algunos arqueólogos de la gastronomía. Pero eso fue antes. Desde la eclosión del Islam en el siglo VI, las cosas empezaron a torcerse y a separarse y el Oriente este, estando en el mismo sitio, empezó a alejarse de la cultura europea y en esas estamos. Sigue estando cerca, pero no tan próximo.

Durante algunos años que siguieron a los diferentes procesos de descolonización, pareció que aquellos valores que principalmente los virreyes británicos habían impuesto, podían seguir vigentes una vez que las tropas británicas abandonaran las arenas de los desiertos. Sin embargo, parece que los colonizadores de su graciosa majestad fueran especialistas en aventar avisperos para dejarlos tras de sí una vez que sus marciales retaguardias volvieran a los verdes prados de Albión.

La realidad es que hasta los años noventa del presente siglo, excepción hecha del conflicto palestino-israelí, también achacable en parte a los ingleses y cuya razón de ser sigue emponzoñando toda la región, en casi todos los países de la zona, se creyó que la creencia occidental en la trascendencia de la burguesía profesional como motor de desarrollo y de valores también valdría para aquellas gentes, pero hoy sabemos que era un espejismo, en realidad, mejor dicho, era una imagen real, pero solo de lo que veíamos, que no era todo ni mucho menos, apenas divisábamos la cresta de la ola, la espuma. Porque mientras el Sha de Persia se hacía los trajes en París, Hussein de Jordania vivía en Londres o el rey de Egipto se venía a la vera del Dictador Francisco Franco a jugar al póker con Perón, los estratos menos desarrollados, más desfavorecidos de eso países apenas podían agarrarse a la exigua pero cercana caridad que salía de las mezquitas, alejados de cualquier oportunidad el mundo occidental empezó a verse cada vez más lejano y más culpable y más responsable de sus cuitas y cuando la visión del mundo exterior cambia solo es perceptible cuando la sangre asoma a las pupilas y brillan los cuchillos fuera de sus fundas.

Cuando un espectador de TV. de occidente se asoma por la pantalla a lo que sucede en Oriente Próximo la sensación de lejanía es máxima y ello tiene que ver con lo mismo de antes, en creer que lo que está cerca es como nosotros y lo que no se nos parece es que está lejos. Nos cuesta identificar la diferencia a nuestro lado.

La situación en Argelia, Túnez, Libia, Irak, Siria o Afganistán todos ellos metidos en ese baúl común nos ponen ante la cara las experiencia cainistas que hemos sufrido nosotros y nos recuerdan la misma crueldad e intolerancia con el otro que pusimos en práctica hasta hace nada. Hoy el asunto parece haber dejado de ser un conglomerado de situaciones políticas y culturales, lucha de clases incluida, en un asunto inter religioso. Más concretamente entre Chiíes y Suníes. Puede que sociológicamente pueda verse aún como otra cara de la lucha de clases y la lucha por el poder. Es verdad que en cada sitio ha habido minorías que han sojuzgado mayorías, pero al menos en el universo simbólico de las consignas, las inmolaciones son citando al mismo Dios, pero distinta Iglesia. ¿Les suena verdad?

Siria, al borde del abismo aún se debate en la ONU, en la Casa Blanca o el Elíseo, pero por poco tiempo. La cuestión no es política, es religiosa. El debate no es entre ideas sino entre creencias y ahí no hay quien medie. El futuro se les presenta negro negrísimo y en cuanto caiga Al Assad, peor aún. Y si no, al tiempo.

Los cuerpos se vacían como los globos en cuanto los pinchan. Agosto.