Lo que se dice y lo que se calla

La gente sabe que la mayoría de las veces es mejor callar que desvelar el pensamiento y descubrir la intención, por eso se dice aquello de que uno es señor de lo que calla y esclavo de lo que dice. La prudencia en la conducta social nos ayuda a no precipitarnos en tantas y tantas circunstancias en las que hubiéramos metido la pata si nos hubiéramos dejado llevar por lo que pensábamos en ese momento preciso y que pasado el tiempo y obtenido mayor conocimiento del asunto y de las personas implicadas en él, se nos revela la injusticia del criterio y la inmadurez de la conducta. Es fácil, sin embargo, encontrarnos con gente que presume de decir lo que le viene en gana sin condicionamiento alguno. Ser sincero se propone entonces como un estado de conducta superior moral y socialmente hablando, a ser cuidadoso o justo. La gente que suele decir lo que piensa y enorgullecerse de ello, suele, además de sincera, ser egoísta y temeraria. Temeraria porque efectivamente nos sucede que a veces nos vemos esclavizados por lo expresado y tenemos que establecer aquel mea culpa de “lo retiro, lo retiro” y claro la mayor parte de las veces se retira del discurso pero no se anula de inmediato, y sin consecuencias, de la experiencia compartida y muchas veces se queda por ahí rondando hasta que en una nueva oportunidad, aprovecha para disfrazarse de reproche y salir de nuevo.

El asunto entre lo que se calla y lo que se dice se está convirtiendo en el asunto entre lo que dicen unos y callan los otros, porque en cuanto esto trasciende la esfera personal, como pasa con tantas cosas, dejan de ser válidas, de la misma forma que no se suben montañas con barcas ni se atraviesan océanos con bicis. La dimensión social de la vida de las personas es un estado diferencial que a muchas personas les cuesta identificar, por eso se comportan en público de la misma forma que en privado aduciendo un alarde de sincera naturalidad. Recuerdo un consultor sociológico que solía eructar y tirarse pedos por los pasillos como si tal cosa. En la esfera social, los cánones cambian, o sea que, ni hablar de la esfera pública. Los políticos y sus consultores de imagen, algunos, incluso, perdón, sociólogos o por lo menos Licenciados en Sociología, que no es lo mismo, le prestan una atención merecida a este asunto de callar o decir. Pero no porque les preocupe las consecuencias sociales de lo que digan o callen, en ese sentido hacen lo mismo que aquel por los pasillos, sino porque les preocupa cual será la reacción del oponente político. Los ciudadanos son la excusa, y esta frase podría ser igualmente el título de estas palabras. Lo que interesa no es lo que el votante oiga o deje de oír sino lo que el partido político contrario pueda hacer uso del silencio o lo expresado. Por eso se oyen las sinrazones que se oyen. Por eso se oye lo que hace tiempo que esperábamos oír pero ya tarde, por eso no logramos escuchar lo que pensamos que deben decir y oímos tanta generalización programática banalizada, esquematizada, anquilosada. Inútil.

Entre esto y aquello nos tenemos que mover intentando desentrañar silencios y escarbar dichos. Hoy en día el ciudadano europeo se está terminando por convertir en un experto en dimes y diretes. Oye cómo sin rubor ninguno se dice en un foro lo contrario de lo que se ha dicho en otro anterior y como además, termina por negarse también. No hay fuentes fidedignas que dirían los propios. Sólo queda la convicción de que de entre lo que oigamos y lo que no, tampoco encontraremos el sentido de lo que nos dicen sino al revés. Deberíamos de creer en lo que reniegan y refutar lo que aseguran. Quizá así, en ese ejercicio de ofuscación paradójica encontraríamos algo cierto.

Todos los silencios suenan llenos de sonidos mudos. Abril