¿Presidente regente en Venezuela?

La gente sabe lo que significa sustituir a alguien que tiene el poder para hacer algo y representarle en un acto en el que se dirima ese algo. Desde representar al padre en una transacción de los corderos nacidos en una yurta o ger en el Desierto de Gobi en Mongolia por los nacidos en otra. Fórmula repetida para destetarlos, hasta actuar de mensajero y representante en una negociación. Sabe lo que es la regencia, porque le ha tocado más de un Rey regente y una Reina regente qué como todo el mundo sabe y lo dice la amiga wikipedia: “La regencia es un período transitorio durante el cual una personalidad (generalmente de la familia real) ejerce el poder en nombre del monarca titular ya sea porque éste es demasiado joven o viejo, por ausencia del mismo, o por su incapacidad para gobernar por sí mismo. La Regencia cesa cuando desaparece la causa que la motivó. La Regencia puede ser individual o colectiva. Generalmente ejerce la Regencia personas allegadas a la Corona como el padre o la madre del Rey, también el Príncipe Heredero en el supuesto caso de ausencia o incapacidad del Rey”.

Vale. ¿Y a qué viene entonces el título de estas palabras?

No se deben medir las sensaciones con los datos porque a veces la sorpresa acecha tras los hechos y nos deja la cara colorada. En estas elecciones democráticas celebradas en Venezuela. Las primeras tras la muerte del deificado caudillo Hugo Chávez Frías. Han pasado tantas cosas en los pocos y convulsos días que han sucedido desde la muerte del presidente de la República que ya había sido elegido seis meses antes en una elecciones casi in artículo mortis, pues en esa altura ya conocía, desgraciadamente, los plazos que le daba la enfermedad, que podríamos encerrarnos en el Estudio y sin volver a leer ningún periódico más ni ver u oír noticiario alguno escribir sobre ello montones de páginas. Pero me parece que es pertinente poner el acento es algunas cosas que puedan clarificar algunos conceptos. A la pregunta sobre la calidad democrática de las elecciones, creo que habría que aceptar sin dudar que han sido democráticas y añadir las dudas sobre su calidad. La revolución bolivariana ha insistido como tantas parecidas en su guerra con los medios de comunicación críticos y la utilización abusiva de los afines que a día de hoy no tenemos fuentes independientes veraces y como decía, no tenemos más remedio que volver a las sensaciones.

Hay apenas un movimiento revolucionario (sic) latinoamericano que haya sobrevivido con sus enormes matices a su líder fundador. El Peronismo. Un movimiento camaleónico y transversal como ninguno. Un auténtico cajón de sastre. Y creo que ello se debe sobre todo al énfasis que Perón puso en la utilización de la figura de Evita, abatida igual por un cáncer en plena juventud y más tarde en su segunda esposa. La revolución bolivariana, llamada Chavismo por su indisoluble coyunda con su líder, ha tenido años de gobierno mayoritario de sobra para conseguir una buena Nomenclatura y un arraigo significativo en sus votantes. El problema es que como siempre pasa, cuando uno solo cree su propia historia, resulta que no es capaz de medir las otras historias. El asunto es que Nicolás Maduro, heredero del régimen y médium con el espíritu aleteado del difunto presidente, ha vencido por apenas 300.000 votos oficiales. Poca cosa, que vista junto a las características de estas elecciones y la situación de emoción efervescente del país, deja un regusto inesperado y un mensaje claro. Nada estaba atado y bien atado.

Sin pretender hacer comparaciones obvias, el presidente Maduro más parece un regente que otra cosa. Seis años son muchos. Y en Venezuela, más.

Nada nos es ajeno pero todos somos extraños. Abril