Desentrañando el conocimiento

La gente sabe que apenas sabe nada y no hacía falta que se lo recordara Platón sobre Sócrates. No hay más que mirar alrededor y darse cuenta de que la vida humana apenas llega para un instante de sabiduría tan efímero como sustantivo. La verdad es que somos bien poca cosa y además desconocida. Del cuerpo humano sabemos algo de piernas, y brazos, de espalda y glúteos, de ojos y oídos, pero de lo más importante, del cerebro apenas sabemos que apenas sabemos nada. El Gobierno Obama anuncia un programa investigador para los próximos diez años sobre el cerebro y a la vez, se ha sumado la UE al anunciar así mismo que dos proyectos estandartes de tecnologías emergentes se dedicarán a ello en la próxima década. ¿Y que tendrán que desentrañar? Pues fíjense:

La opción “biologista” de la percepción nos remite a la materialidad de la percepción, la composición fisiológica del cuerpo de cada individuo comunicante. Así, los factores constitutivos determinarán el proceso desde el inicio de este que no es otro que la percepción. Solo podemos conocer lo que nosotros mismos (fisiológicamente) determinamos como “cognoscible”

El sistema nervioso es el encargado de captar la realidad circundante desde el córtex cerebral asumiendo las funciones de detección, procesamiento, conservación y extracción de información. El componente básico es la neurona

Existen aproximadamente 100 mil millones (10 elevado a 11) de neuronas y la cantidad de conexiones entre neuronas cerebrales es del orden de 10 elevado a 15, pero el conjunto de los micro túbulos que conforman la membrana de una sola neurona es capaz de realizar la enorme cantidad de 10 elevado a 27 cambios por segundo. Esto daría al cerebro la capacidad de realizar 10 elevado a 42 operaciones por segundo

Esto daría al cerebro la capacidad de realizar 10 elevado a 42 operaciones por segundo. Solamente las conexiones entre neuronas, que tienen una capacidad binaria (transmiten o no transmiten la señal de una célula a la otra) permiten la friolera de 210.000.000 de estados posibles. Y se ha de multiplicar aún por los 10 elevado a 27 cambios posibles en el interior de una neurona. Resulta fácil demostrar que esta cantidad supera todas las posibilidades de descripción (no existiría, para ello, ni siquiera la materia -moléculas- necesaria para escribirla, según Johansen”

¿Y ahora qué? Nos preguntamos después de haber intentado comprender la infinita retahíla de dígitos descritos. Sin materia posible para escribir el pensamiento. Los conceptos se terminan enredando entre ellos y las ideas se mezclan en los charcos de lo posible con la masa de lo probable. No hay cabeza suficiente para abarcar la descripción del hardware cerebral con lo que no parece plausible que seamos capaces de atisbar algo del software. Así, no es extraño que el recurso de la Fe golpee las aldabas de la ciencia con la fuerza desencadenada de la ignorancia.

Pensar, solo pensar, como el balancín de la infancia, sin destino posible. Febrero.