Secundum Deum

La gente sabe lo que sabe y cree en lo que cree. Las distancias entre conocimiento y fe han pasado por vicisitudes muy diversas en la historia y su relación siempre fue tan controvertida como asumida y aplicada. Todos los creyentes lo son por lo que creen pero se pasan la vida intentando comprender su fe, fundamentando ese sentimiento, dándole datos al corazón. Por eso cuando cae, como ahora en palabras del cardenal Angelo Sodano Un rayo en cielo sereno, el mundo entero estornuda porque atisba que el Vaticano se ha constipado.

La muerte de un Papa. Padre y Demiurgo entre Dios y los demás, es previsible en tanto en cuanto y a pesar de que cualquiera es papable si está bautizado y no está casado, generalmente se accede al sillón en la ancianidad, entre otras cosas porque la muestra elegible es una lista geriátrica. Mientras que la renuncia del intermediador entre Dios y los hombres y por ello, más que hombre, es inusual y sorprendente. Desolador. Ese rayo, deja en situación de desamparo a todos los habitantes del Cathos. Aquellos ciudadanos del mayor Estado Transversal del universo. Los que Atendiendo a sus obligaciones de miembros de sus respectivos Estados, se reservan la excusa de conducta de pertenecer a la Iglesia, y por ello permitirse preservar sus responsabilidades en función del acomodo de estas a su fe.

El Padre de los católicos renuncia según sus palabras y sus silencios a la vicaría celestial porque el dilema no resuelto entre las disputas vaticanistas le había convertido en palabras de L’Observatore Romano en febrero de 2012 en “Un pastor rodeado de lobos”. Un hombre solitario acosado por casi todos que solo puede intentar comunicarse con lo seglar a través de su propio mayordomo, el fiel Gabriele, que hoy se nos revela como el mensajero necesario. Mula para traspasar los vigiladísimos cortiles del vaticano y revelarnos las inquinas del poder inmutable sobre tantos millones de personas desde hace tantos miles de años. Del Vaticano no se va nadie. Al menos impune. Son demasiados los secretos que guardan sus estancias y demasiado graves. Afectan a demasiada gente y están anclados en épocas tan antiguas, dependientes de tantos tratos no escritos, afectando a tantos privilegios adquiridos y tantos asuntos turbios encubiertos durante tanto tiempo, fermentados entre tanta ambición y poder que ya no es posible reformar sin que afecte directamente a los cimientos institucionales. Hay tanto oculto que puede que cuando se descubriera, se vería que es todo lo que queda, que todo es ello.

La Iglesia está anclada en el medievo, donde se pusieron los cimientos de su poder terrenal en contraposición con la vida eclesial del primer milenio, donde tuvieron cabida otras miradas que funcionaron como elementos correctores, pero que fueron eliminadas por su riesgo relativista, sus veleidades argumentativas frente a la excluyente doctrina de la fe. Hoy no parece posible pensar levantar un pico de la alfombra a riesgo de intoxicación fatal. Los ejemplos de asuntos como el de Marcial Maciel o las acusaciones de pederastia urbi et orbe, son contundentes: La iglesia no parece de este mundo. Ya lo ha dicho Fergus Clarke custodio del santo sepulcro en Jerusalén: “Dios ya sabe quién será el próximo Papa”. Los sanedrines cardenales conciliares no pintan nada: Secundum Deum (Inspirados por Dios). Claro que hace años que los tejados del Vaticano se guardan con alarmas electrónicas contra las palomas. A ver como es capaz de entrar el espíritu santo.

Creer será hurgar la herida que guarda el alma furtiva por saber y no poder…..Febrero.