Las caras de la verdad

Nada es tal cual. Todo es según, salvo quizá, quizá azul, sólo la mar parece ser lo que pensamos que es.

La gente sabe (y hasta yo lo sé) que es de mala educación citarse a uno mismo y además un enorme e imperdonable pecado de supuesta vanidad. A parte de disculparme, no he encontrado a mi alrededor mejor referencia sobre el asunto que nos toca que esa y que no fuera acudir al viejo Calderón o al sufrido refranero. El asunto es que si uno repasa la actualidad, que es una acción obligada a un individuo en democracia, vuelve a encontrarse dando vueltas a la misma cosa desde que se tiene conciencia. Las cosas siempre resultan distintas desde el lugar que se miran. En función de en que parte de la historia se esté, esta tiene un desarrollo y un final diferente. Bien, eso ya lo sabíamos pero de lo que sí estábamos seguros es de que la inmutabilidad no solo pudiera servidor en los cielos de todas las religiones del mundo, sino que algo de ella al menos se podía encontrar en algunas cosas de los hombres. Verdad que pocas, pero alguna sí. La honestidad. La dignidad. El valor. El amor a los hijos. Etc. Pero como en casi todo, no paramos de equivocarnos. Nada en este mundo parece tener mayor capacidad de sorprender que el ser humano, la parte contable de la gente. Sea el quiosquero o el presidente del Gobierno. Cualquiera puede buscarle a la verdad la cara que le conviene por complicado que nos parezca. La busca, la encuentra, se la cree y nos la suelta con cara de circunstancias con la plena seguridad que nos la vamos a tragar. Para algunos de los nuestros es aún más difícil, por ejemplo al periodista que teniendo los datos, debe aguantar impasible en su asiento de primera fila, firme el ademán como decía la canción.

De las cloacas a de la sociedad, no sólo del Gobierno, sube un hedor insoportable que nos hace sospechar lo que se cuece por ahí abajo, pero cuando se levanta la tapa de la alcantarilla, siempre nos sorprende la magnitud de la iniquidad. En ese instante, sea cual fuere la magnitud de la podredumbre esperamos sin duda que a quien mancha, sea capaz de mostrar la mínima dignidad. Pero aquí no dimite nadie, como cuentan que decía Guerra ante el acoso del asunto GAL. Y es verdad, nadie carga con el mochuelo. Vale, me lo trago como decía antes, estoy dispuesto a aceptarlo, pero lo que me resulta más difícil es que le den la vuelta de forma que del “aquí no pasa nada” se pretenda pasar al: ¿Qué pasa ahí? Demasiado cinismo.

Las señales de los últimos tiempos en que además estamos bajo la sospechosa mirada de los calvinistas son terribles, por cada pico de cada alfombra que se levante parece que seguro saldrá porquería. Los partidos políticos están hundidos en la ignominia y los políticos siguen siendo vistos por la gente que contesta las encuestas como un “problema” y nadie por ahí fuera es capaz de comprender como un país con más de seis millones de parados no estalla. Las sospechas son demasiado evidentes. Pero amigo, el problema no se queda ahí. Los partidos políticos y los políticos son los instrumentos naturales del sistema de derechos y libertades y sin ellos el abismo del populismo se abre para los charlatanes de turno, algunos y algunas de las cuales ya ocupan asiento en el Congreso. Ojo. Berlusconi ataca de nuevo y aunque parezca broma, en este caso, tampoco lo es.

Amanece. Y siendo nada, los contornos de las cosas nos anclan a la vida. Febrero.