Año nuevo vida nueva

La gente sabe que las estadísticas verbales, o sea, los refranes, son una muleta extraordinaria para superar la inexperiencia. No es necesario atestiguar el paso de generaciones tropezando en la misma piedra para saber que el hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra, con buscar en el refranero nos ahorramos un montón de siglos. Hoy aplicamos a ojos cerrados. No necesitamos haberlo vivido. La comunicación es la principal fuente de conocimiento desde la sociedad verbal, incluso puede que antes, desde la pre humana, pero sobre todo lo es desde Gutenberg en adelante.

Año nuevo vida nueva anuncia el refrán y suena más a propósito que a conclusión. Es la universalización de un deseo íntimo que se convierte en colectivo. La pretensión de llegar a un cruce del tiempo, a un punto de inflexión, a un punto y aparte donde reflexionar sobre lo acontecido y ver de mejorar lo cotidiano introduciendo aspectos nuevos que nos reivindiquen ante los errores cometidos, los fracasos protagonizados, las causas perdidas, las esperanzas rotas. Todo lo que se nos ha quedado en el zurrón caducado, ya sin fecha. Desear la posibilidad de refrescar sangre aprovechando la fecha en la que coincide el fin de lo ya irremediable con el comienzo de todo lo posible aún, demuestra que el hombre pierde casi siempre con casi todo y sin embargo aún despojado casi por completo, le queda siempre la esperanza. Puede que porque esta es la idea fuerza que le ha permitido sobrevivir.

Todos los medios de comunicación por estas fechas hacen balance del año en un almanaque del pasado que contiene lo que hemos logrado sobrellevar, que es una de las palabras más interesantes de la lengua cervantina. Y visto lo visto, como siempre, nos queda por encima de todo una impresión de alivio al concienciarnos de todo lo sucedido. Algunas de las cosas que han pasado puede que sean socialmente irrepetibles, algunas probablemente comparables y otras definitivamente olvidables. Unas han sucedido fuera de nuestras cada vez mas imprecisas fronteras, si es que alguna vez lo fueron y otras en casa. Algunos estrenan vida en la prisión a la que llegan en vuelo directo desde el yate. Otros descubren en sí mismos el sentimiento de una nación y sueñan con más banderías bajo las que resguardarse. Unas estrenan pechuga aunque no haya salido barata y las más, retrasan la cita con el dentista a ver si se abaratan los implantes. Todos nos deseamos feliz año nuevo. Como si eso pudiera ser posible.

Lo que sí parece claro es que necesitamos de verdad una nueva vida porque la que tenemos no nos alcanza. Durante años hemos hecho oídos sordos ante las corruptelas, hemos permitido los abusos, nos hemos dado la vuelta ante el despilfarro y hemos consentido suspender en casi todo. Y aún así, estamos donde estamos. Pero nos hemos dado cuenta que no nos alcanza. Que de esta forma no llegaremos a ningún lado. Parece llegada la hora de la reflexión y cualquier excusa es buena. Los valores enfermos de esta sociedad no son cosa de políticos, son cosa nuestra, de la gente de a pié. Y solo nosotros podemos cambiarlos. En eso debe consistir en vivir de nuevo. Digo yo.

Todos los deseos juntos caben en el hueco de una muela y a veces también duelen. Enero.