65 años no es nada

La gente sabe que los 65 es, o era, la edad de jubilación. Esa meta de llegada a la inutilidad social. Pero como la vida es una pura paradoja, resulta que a veces, es esa la edad en la que se puede empezar a vivir de nuevo. Por eso hoy, 29 de noviembre de 2012, cuando se cumplen 65 años desde 1947, lo que no llegó a empezar entonces, puede nacer esta vez. En esa fecha la ONU votó la partición de la Palestina británica en dos estados, aunque 65 años después, uno de ellos, tras violar 65 resoluciones de la ONU, ocupe el 80% del territorio del otro y el otro no sea un estado de verdad ni tan siquiera logre acercarse a poseer la estructura básica para ello.

La votación en Naciones Unidas de hoy para dar entrada a Palestina como Estado Observador, sin voto en la organización, viene a empezar a cumplir tantas injusticas como expectativas defraudadas en sí mismas. Hoy es un territorio partido en dos en casi todos los sentidos, pero sobre todo y antes que geográficamente, políticamente. Las dos en guerra, entre sí y contra Israel.

Palestina sigue siendo el mayor problema de Israel después de esos sangrientos 65 años. Sigue bajo el fuego de los misiles iraníes lanzados desde la franja y las acciones suicidas en su propio territorio, pero sobre todo, bajo la amenaza demográfica. Palestina crece en habitantes a un ratio muy, muy superior al israelí.

La situación bélica acaba de calmarse ras la enésima ristra de civiles muertos en uno y otro lado. Las imágenes de prensa con su rostro fúnebre aún permanecen en la retina y al margen de los discursos de unos y de otros, apenas sabemos de verdad que es lo que sucede. La comunidad internacional sigue estando al margen y estamos seguros que esa ausencia ha sido y sigue siendo interesada. Cuantos menos ojos vean lo que pasa mejor.

Palestina pidió esta votación a la ONU y ofreció a Israel hacerla conjuntamente, pero el estado hebreo declinó la invitación. Las consecuencias de la votación de hoy no se verán inmediatamente, pero se verán y algunas, no solo se verán sino que tendrán que lidiar con ellas.

Por un lado, el nuevo estatus de Palestina le puede permitir acudir al Tribunal Internacional de Justicia en La Haya, adonde muchos intereses internacionales, sobre todo norteamericanos no hubieran querido que llegara nunca. Las resoluciones de La Haya son de obligado cumplimiento y las obligaciones sientan mal. Por otro lado. El reconocimiento de las fronteras anteriores a 1967 le dará a Israel el estatus de Estado invasor. Además, a partir de hoy, sobre todo, todo estará bajo la luz y los taquígrafos. Cosa muy incómoda.

La pregunta sobre lo que puede pasar a partir de ahora se mezcla curiosamente con los análisis al cadáver del presidente Arafat para comprobar si fue o no envenenado con plutonio, mientras algunos creen que su defenestración abrió la puerta a la supremacía de Hamás. Demasiadas cosas que se mezclan como cachivaches en las vitrinas de los cambalaches, se ha mezclao la vida (Discepolo dixit). Pero la vida con pasaporte es más.

Todo aquello que llega se esconde tras un vuelo que sopla la historia. Noviembre.